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El amor entra por…

El amor entra por… 30 enero, 20143 Comments

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

El amor entra por¿los ojos?

Quizás. Al menos así había sido esa vez. Era el inicio de las redes sociales. Ellos no lo sabían y probablemente los ejecutivos de Hi5 tampoco. Fue entonces cuando se conocieron.
Ella navegaba por Hi5 sin motivo alguno, a menudo, como lo hacía cualquier otro cuasi-adolescente de su edad. En su perfil no había señas de estar comprometida o en una relación formal, pero tampoco figuraba como “necesitada”. Sólo había algunas lindas fotos de su persona y unos pocos contactos.

El de él, aunque era bastante más jugoso que el de ella, en cuanto a material fotográfico (en la playa, la montaña, un espacio misterioso que podría figurar como oficina, o quién sabe qué y todas muy interesantes), tampoco divulgaba demasiada información, nada más que lo básico. Pero es cierto que todas sus fotos eran buenas, lo que lo hacía un poco más interesante y atractivo. Él tenía 29 años, ella 21. Tras varios intercambios de conversaciones durante días, se citaron en un bar para conocerse en persona. Él, por suerte la llamó, de lo contrario esta historia no existiría.

– “Hola” (voz masculina y sensual)

– “Hola” (voz tímida y tonta)
– “¿Cómo estás?” (voz masculina, menos sensual)
– “Bien, ¿tú?” (voz tímida y tonta)
– “Te parece si nos vemos en Barra Bar. ¿Conoces Barra Bar?” (voz masculina y mucho menos sensual)
– “No”
– “¿Boo Café?”
– “¡Sí!”
– “Dale, nos vemos ahí”
– “Tipo 9-10, ¿te parece?”
– “No. O a las 9 o a las 10. Porque no voy a pasar una hora esperando sola en una mesa.”
Silencio. Momento incómodo. Creo que no lo volveré a ver más nunca, con ese comentario lo habré espantado de mi vida por siempre. Apenas lo conozco. Y tan lindos esos ojos verdes que tiene en la foto de la playa, tan alto y guapo que se ve y lo bien que suena su voz. Y esa otra foto de perfil
– “Aún no me conoces y ¿ya me estas reclamando que voy a llegar tarde? Risas. Ok. ¿A las 10 entonces?”
– “Perfecto. A las 10”
– “Dale, nos vemos. Chau”
– “Chau”

A un cuarto para las 10 ella estuvo lista para salir y llegar a la hora pautada, pero vestida y arreglada, con las llaves del auto en mano, la apartó la profesora para comentarle algo y en medio de la distracción terminó saliendo de casa a las 10 de la noche. Hora a la que en realidad tendría que haber estado sentada en el café, al que sin conocerle había juzgado por impuntual. Llegó, paró el auto y se estacionó. En la entrada del local estaba él, esperándola. A medida que caminaba hacia el bar, esa sombra alta y grande, sin rostro acompañaban sus pensamientos. ¿Será él? No, no puede ser, no nos conocemos. Además, tendría 15 minutos esperando aquí parado. No. Sí, es el. No, no puede ser él, sería demasiado caballeroso de su parte. Pero qué bello si fuera él. Ni lo conozco y viene a recibirme a la puerta. Nunca nadie ha venido a buscarme a la puerta. Tampoco he salido con muchos tipos antes, en realidad sólo con uno. Debe ser mi príncipe, el que siempre soñé tener. No, no puede ser, no creo que lleve tanto tiempo esperando ahí parado.


Era él. Y a medida que esa maraña de pensamientos trastabillaban en la mente de ella, la sombra alta y grande iba adquiriendo forma, rostro y sonrisa e incluso un “Hola”.

—–
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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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