Posted in Aventuras Amorosas Noches de copas

Cómeme con fresas

Cómeme con fresas Posted on 2 febrero, 20141 Comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Veeterzy (Unsplash)
Foto: Veeterzy (Unsplash)

Nos conocimos jugando dominó fresita. El clásico y milenario juego de dominó, pero para niñas, con motivo de “Fresita” (Strawberry Shortcake). Es decir, en lugar de números en punto sobre las fichas, había imágenes de los personajes de los dibujitos en cuestión.

Habíamos bajado al apartamento de la playa: mi amiga de toda la vida, su novio, un amigo -soltero- de ella y yo. Él trabajaba con mi amiga y siempre me hablaba de lo simpático que era y de lo mucho que se divertían charlando en la oficina. Y tenía razón, él era tan adaptable y simpático, que resultaba imposible pasarlo mal a su lado. Tras un estupendo día de playa, volvimos al apartamento, donde nos sentamos agotados a tomar unos rones y a conversar.

En un departamento de playa -al menos muchos de los que he conocido-, no existe, jamás existió, ni existirá una televisión. Y si existe, se ve mal: con hormiguitas, interferencia, lluvia, ustedes me entienden. Así sucedía allí. Por ende, nuestra única otra opción para alternar la conversa era un dominó Fresita que alguien había desempolvado de algún rincón del apartamento; y con el cual, la dueña y su hermana habrían jugado de niñas. Disfrutamos tanto, pero tanto, esa noche de juegos, que en mi memoria la imagen de este hombre siempre estaría ligada al dominó Fresita. Pocas veces más lo habré vuelto a ver, pero cada vez que nos encontrábamos salía el tema del memorable, infantil y ridículo juego de niñas.

Fueron varios años los que duró la conexión de su nombre masculino con Fresita, hasta que un día, en Buenos Aires, me crucé con una amiga suya y nos sentamos a conversar. La conocí por medio de él, era simpática, desenfadada y auténtica. Me hacía acordar a él. Nuestra charla, poco a poco se fue nutriendo, y pronto, en lugar de hablar de la ciudad, me confesaba de sus encuentro casuales con “el hombre fresita”. “No sabes lo que fue. Yo en mi vida he tenido tan buen sexo, el tipo es un Dios en la cama, me hacía rugir, yo no quería parar, me volvía loca”. No hace falta dar más detalles de todo lo que la mujer me contó sobre él.

Lo que sí les diré, es que para mi la imagen del dominó poco a poco se fue desvaneciendo y convirtiendo en una imagen morbosa de un hombre desnudo sobre una cama diciéndome “Cómeme con fresas“.

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

1 thought on “Cómeme con fresas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *