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No tengo mis pantys

No tengo mis pantys Posted on 3 febrero, 20144 Comments

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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Foto: @ngradecky (Archivo) Madrid, 2016

El mundo está lleno de clichés. Y si de bodas se trata, quizás uno de los más famosos sea el de la aventura entre el padrino y la madrina. Así me pasó.

Era el día de bodas de mi mejor amiga. Nos conocemos desde los 6 años, siempre nos llevamos bien, sin importar cuál sea el plan. Desde los 18 años conoce al hombre con el cual ese día contraía nupcias. Después de tantos años de relación, estaba segura que en esa boda no habría sorpresas, no conocería al amor de mi vida, pues conocía a todos nuestros amigos y a los del novio también, y nunca hubo nadie interesante. Sólo me faltaba conocer al padrino, que vivía fuera de aquí, y que por ende, no me interesaba. El día anterior le dije: mañana beberé hasta morir, sin importarme nada. La fiesta era en casa de su madre, que es casi como mi segunda mamá, así que estaba tranquila respecto a mi futuro como borracha.

Llegó el gran día, y después de la iglesia, entrando a la casa para la celebración veo entrar a un hombre guapísimo, que por supuesto, había visto en la iglesia, pero que no había detallado bien. ¿De dónde salió este bombón? ¿De dónde salió él? ¿Qué hace aquí? ¿Quién es él? ¿Tantos años y a mi nadie me había presentado a este guapo? 

– “Hola, mucho gusto, asumo que eres el padrino, al único que no conozco” – “Sí, y tú la única persona que conozco además de los novios. Mucho gusto, el padrino”.

Soltero codiciado. Profesional, trabajador, inteligente, interesante y guapo. Flechazo. Yo hablo hasta por los codos, él igual. Yo amo la playa, el vive en la playa. Él soñaba con irse a Argentina, yo soy Argentina. Yo amo comer y él, cocinero. Había de qué conversar, y mucho. Y así fue como comenzamos. Terminamos juntos en una cama en casa de mi amiga. Así terminó la noche de bodas de nuestros mejores amigos… la noche.

A la mañana siguiente, él me despierta para irnos. Mi desayuno fue darme cuenta que a nuestro lado yacían la hermana y la mamá del novio. Nos levantamos, nadie más a nuestro alrededor. El resto de la casa a solas. ¿A dónde se fue la gente? ¿Dónde estarán los novios? Supuestamente dormirían aquí. Sinceramente no sé si me quiero topar con alguien en esta casa. Mucho menos de la mano del padrino. ¿La gente se habrá enterado? ¿Alguien nos habrá visto?

Con pasos sigilosos logramos salir de la casa. Ya en la puerta de entrada, gracias a la brisa fresca de la mañana, me doy cuenta de que… y en voz alta, sinceridad en mano le digo mirándole a los ojos: “No tengo mis pantys” Se rió y me dijo: “¿En serio? ¿dónde están?”. “No sé. Pero tú también eres culpable, así que vendrás conmigo a buscarlas.”

 

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Si quieres saber qué más ocurrió entre él y yo descúbrelo aquí.

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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