Pizza en San Valentín

Foto: Carissa Gan (Unsplash)
Foto: Carissa Gan (Unsplash)

Nunca he sido fan de la pizza. Era mi primer día de San Valentín en pareja. Él había llegado esa noche a mi casa con una tarjeta gigante hecha a mano por él mismo -pues sabía que me encantaban-, y una caja de bombones en forma de corazón. Me cargó, me abrazó, me besó. Vivía una escena de película en carne y hueso. Todo fue mejor de lo que me imaginaba.

El plan: ir a cenar a un lugar económico pero lindo, donde pudiéramos compartir los dos un rato agradable celebrando nuestro amor.

Antes de salir a cenar nos detiene mi hermano, quien a su vez, era amigo de mi novio. ¿Qué les parece si vamos los cuatro en pareja? (Nosotros dos, él y su novia). Además de ser mi primer día de los enamorados con novio; la novia de mi hermano no era santo de mi devoción, y sí, estaba en modo egoísta, porque en mi mente estaríamos él y yo solos. Contra todo pronóstico, terminamos saliendo los cuatro.

Mi novio y yo hicimos varias propuestas, todas negadas por la novia de mi hermano. “No, ese lugar no me gusta. No, yo de eso no como. A mi la comida árabe no me gusta. Es que yo soy alérgica”. Toda clase de excusas sirvieron para refutar todas nuestras propuestas y terminamos comiendo en Full Pizza, un reconocido restaurante de comida rápida en Caracas.

Ese día me juré no volver a compartir el día de los enamorados con alguien más además de mi novio. Desde entonces, se ha cumplido mi acometido, porque hacen ya 19 años, no he tenido más pizza en San Valentín, ni tampoco en pareja.

 

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