La llave de mi corazón

Foto: Daryn Bartlett (Unsplash)
Foto: Daryn Bartlett (Unsplash)

 

 

 

 

La clave del éxito aseguran que está en la perseverancia. Y este chico no era la excepción. No tenía la llave de mi corazón, pero sí las de mi auto.

Luego de días y semanas de insistencia, accedí a salir con él. Me invitó a una fiesta en casa de una amiga suya. La casa era grande y hermosa, cuadros por doquier, buenos cuadros, firmas importantes. Era perfecto porque a él le encantaba el arte igual que a mi, así que había tema de conversación para rato. Por si fuera poco, el jardín era enorme, estaba sobre una colina y tenía una vista preciosa hacia esa sección de la ciudad.

Al llegar le encargué las llaves de mi carro a Pedro, puesto que yo no tenía ni bolsillos ni cartera. El era varios años mayor que yo, por ende, sería un hombre responsable. Me quedé tranquila y comencé a disfrutar de la noche. Era mejor de lo que esperaba, puesto que él tampoco era un hombre que me convenciera mucho, pero le estaba dando una oportunidad. Tomamos cerveza, conversamos con sus amigos, estuvimos a solas. Y si, algunos besos eventuales se escaparon por ahí.

Avanzada la noche, le pedí a Pedro que nos fuéramos. Enfilamos hacia el auto, y cuando estamos cerca, él revisa sus bolsillos y ¡oh! sorpresa, no tiene las llaves. ¿Cómo no vas a tener las llaves? Lo único que tenías que hacer era guardarlas en el bolsillo y sacarlas a la hora de irnos. ¿Cómo vas a perder unas llaves? No ‘unas’ llaves, ‘mis’ llaves. No lo puedo creer. Con razón dudé en salir con él, estaba en lo cierto, es un irresponsable, no vale la pena, ¿cómo se me pudo ocurrir haber salido con semejante loco que no sabe ni dónde puso las llaves? Yo de verdad estoy loca, esto de verdad es culpa mía, por haberle dado una oportunidad. Esto se veía venir. Ok, no… no se veía venir, pero ¿qué estaba pensando? Le hubiese prestado la llave de mi corazón y todo habría salido más barato. 

El que persevera alcanza, pero nadie le asegura el triunfo, ni tampoco la caída en picada. Las únicas llaves que se prestan son las del corazón ¡pero cuidado a quién!

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El protagonista de esta historia es también el de esta otra

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