ADMIRADORES, Bares y Fiestas

Gulliver existe

Gulliver existe 12 marzo, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Viajaba sola. Siempre que puedo elijo el asiento de la salida de emergencia. Así pasó esta vez. Me tocaba pasillo y a mi lado figuraba un puesto vacío. ¿Quién se sentará ahí? ¿Será un niño ruidoso? o ¿un ejecutivo callado que ni muerto mi dirigiría la palabra? o acaso ¿una señora fastidiosa que nunca se ha montado en un avión y pregunta desde a qué hora llegamos hasta para qué sirve la bolsita de papel? o ¿será un hombre guapo, quizás el hombre de mi vida? Infinidad de preguntas se acumulan en mi mente a medida que pasaba el tiempo. Espero que al menos sea alguien simpático con quien pueda conversar, sin importar edad, género o profesión.

Mientras la espera continúa volteo hacia mi izquierda: pasillo. Realmente se supone que volteaba y veía el pasillo, pero esta vez voltee y vi un par de rodillas. ¿Rodillas? Entiendo que estoy sentada y que la única cara que llegaría a ver sería la de la persona “a mi lado” y la de “mi otro lado” atravesando el pasillo. Pero ¿Rodillas? ¿ro-di-llas? No puede ser. Uno ve caderas, cinturas, pero no rodillas.¿Me quedé dormida? Pues, sí, esta vez vi rodillas. Al subir la mirada completé la imagen, al bajarla entendí por qué vi rodillas. Dos zapatos de básquet redondearon la ecuación. Al lado de mi viajaba un joven basquetbolista, que vino a un torneo en Venezuela. Y entonces recuerdas el sentimiento de todo niño cuando mira hacia arriba.

– “Hola, un permiso por favor” me dice en su español con dejo americano
– “Sí, claro”, contesté boquiabierta procurando fallidamente disimular mi asombro. Y me paré
Él se sienta, yo me siento. Y nuevamente veo rodillas, pero esta vez a la altura de mi pecho. Eran una cosa exagerada, desbordante, fantástica, casi increíble. Mamáaaaa ¡Gulliver existe!, es real y viaja conmigo. Menos mal que esto es un asiento de emergencia. Luego del despegue de la nave, el joven, simpático me pregunta: ¿Qué haces aquí?
– Voy a visitar a unos amigos en Miami
– No, me refiero en este puesto
¡Ah! Que pregunta tan rara. Pero bueno, sin duda tiene dos largas razones de peso para hacerla. Jamás me imaginé que el puesto vacío que figuraba a mi lado estaría ocupado por Gulliver.

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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