RELACIONES y Convivencia

Odio las medias

Odio las medias 14 marzo, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Odio las medias. Nunca fui muy amiga de ellas. Mucho menos a la hora de dormir. Y no soporto una persona que duerme a mi lado con las medias puestas. Que mis pies desnudos rocen unos vestidos no refleja igualdad de condiciones. Él lo entendió el día que nos conocimos.

La noche en que nos conocimos fue muy especial. Él había bajado a abrirme la puerta en cuanto llegué. Era el cumpleaños de un amigo de la adolescencia, que había prevalecido por años en nuestras vidas. Ahí me reencontré con compañeros que tenía tiempo sin ver, así que fue una noche grata de recuerdos y actualizaciones. En los que esporádica e interesadamente me reencontraba con este chico para que me rellenara mi trago. Así transcurrió toda la noche hasta que la gente comenzó a irse. Y quedamos sólo los de confianza, que para mi sorpresa, él también lo era, puesto que era uno de los mejores amigos de la novia del cumpleañero. Fue entonces cuando realmente nos comenzamos a conocer.

Nos sentamos en el sofá y comenzamos a conversar sobre los hermosos zapatos Adidas vintage que portaba. A ellos se unieron nuestros trabajos, profesiones, gustos, estado civil, y de repente, los tragos hicieron de las suyas y estábamos los dos abrazados en un sofá de una plaza. Nuestros cuellos sobre uno de los posamanos y las cuatro piernas sobre el otro. Riéndonos como dos tontos enamorados -sin saber que lo estábamos-. Y fue entonces cuando él, naturalmente, dejó caer los zapatos. No besamos, nos acurrucamos el uno en el otro. Y de repente, sus pies acarician los míos, y yo salto como gato en el agua, gritando: “¡las medias!”. Él, perplejo, me mira. Y yo, solo puedo devolverle la mirada con un asco, digna de aquel que acaba de tomar una bolsa de basura podrida en su mano, en compañía de un: “No puedo con las medias. No las soporto. Me da asco que me acaricies con medias.”

No le quedó de otra que apañarse al frío que hacía con tal de consentir a su recién-conocida-princesa. Él lo había entendido muy bien. Odio las medias. Ni se hable del sexo… con medias, claro está.

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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