RELACIONES y Convivencia

Vivir en un iglú

Vivir en un iglú 2 abril, 20141 Comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Stephen Di Donato (Unsplash)

 

Habíamos pasado años viviendo en la misma ciudad sin saberlo. En el vecindario de al lado, de hecho. Sus padres eran asiduos clientes de la tienda de mis viejos. Pero nunca coincidimos él y yo. ¿Sería acaso una señal? Cuando yo vivía en Argentina, él en Venezuela. Y cuando regresé, él se había marchado a España. Así, cuando uno estaba de ida, el otro de vuelta, y viceversa. Pasaron 10 años hasta que coincidimos en la ciudad de Caracas.

Todo comenzó con una conversación por Facebook mediante la cual, me invitó a salir. Estuve renuente puesto que luego de tantos desencuentros en tiempo y en espacio, pensé que se trataba de señales del destino. La charla concluyó con un: “A las 8:00 te paso buscando y vamos a tomar algo”. Accedí. Pero a la hora citada había visita en casa, un chico al que le gustaba y del que yo no quería saber nada, se había aparecido esa noche de sorpresa. ¿Será esta otra señal más para negarme a su encuentro? Él llamó confirmando que pasaría a buscarme. Le comenté sobre de la situación, pensando que desistiría, y en cambio optó por atrasar el encuentro. “No te preocupes, voy por ti más tarde. ¿Dentro de dos horas te parece?” Yo no sé si el destino se burlaba de mi en mi cara, jugaba con mi tiempo o simplemente estaba de su lado y no del mio. Pero a las 10 en punto estuvo en la puerta de casa.

Fuimos por unas cervezas a un conocido bar capitalino. Nos sentamos a charlar, y no sé por qué las conversaciones con él siempre se tornan densas, igual que cuando éramos adolescentes. Hablábamos de temas trascendentales, religiosos, de estilos de vida, de rarezas, de gustos extravagantes, de sueños. De lo que fuere. Ahora que él era arquitecto graduado y yo periodista, los temas sobrepasaban la línea de lo profundo por largo. Y en medio de aguas profundas y temas un poco soñadores me hizo una oferta que hasta el día de hoy no olvido.

“Voy a construir una casa para los dos. Donde vivamos juntos, nos dediquemos a pintar los dos en nuestros ratos libres, desnudos por toda la casa”, así nos habíamos conocido, en las clases de pintura. “Sería genial, ¿te imaginas?” continuaba “Sé que nos llevaríamos muy bien, porque somos parecidos. Tenemos los mismo valores y principios”. Sí, claro. Nos llevaríamos bien. Todo lo que piensas es en el sexo, en la fantasía de compartir una vida hippie de ambos desnudos por la casa ¿Qué sabes tú si nos llevaríamos bien si ni siquiera me conoces? ¿Cómo vas a construir una casa para nosotros si ni siquiera somos una pareja? Nos estamos reencontrando después de 10 años. Diez años… y por casualidad. “Vamos a tener muchos hijos”. ¿El sabe que me gustan los niños? Que quiero cuatro… cinco… bueno, no sé si podría con tantos, pero que AMO a los niños. ¿Te gustan los niños?… ¿Qué hace? ¿Adivina mi pensamiento? “Sss..síii” contesté con voz entrecortada. “A mi me encantan. Quiero muchos. Y contigo muchos más. Cuatro, cinco. Que seamos una familia de siete.” Ooook. ¿Qué me perdí yo todos estos años? ¿Con qué loco me estoy reencontrando? “Mira…” continúa “Yo ahora estoy viendo de mudarme a Noruega, porque en España no consigo trabajo. Me mudo, te mudas conmigo, vivimos en un iglú y somos felices los dos ahí juntitos ¿Sí?” Eh.  A él lo sacaron de una película de Disney ¿o qué? Esto sí que es inesperado. Yo, mientras tanto, sonreía para no hablar. Aproveché cortar con su idilio interrumpiéndolo para ir al baño.

Me paré de la silla y él, al tiempo, inesperada y abruptamente se paró frente a mi, y de manera desprevenida, me dio un beso en la boca. En ese momento estuve completamente segura de que el destino había burlado todas las señales. Fue inesperado, pero mágico y hermoso. “¿Nos tomamos otra cerveza y nos vamos, te parece?” Cómo le voy a llevar la contraria a un hombre que me tiene enloquecida en cuestión de un instante. Llevamos dos horas conversando, más de 10 años sin vernos y esto es un descontrol emocional total y absoluto. ¿Qué es esto? y “Ok” fue lo único que logró salir de mi boca antes de que me diera otro beso.

La verdad, no sé si vivir en un iglú sea algo factible en su vida. En la mía, sin duda, no lo es. Sobretodo porque soy friolera, y porque por más soñadora que sea, necesito un plan de vida concreto. O al menos unas cuantas bolsas de concreto, y no de hielo, con las que pueda construir mi casa en algún rincón del mundo.

 

 

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El mundo ciertamente da muchas vueltas y terminamos coincidiendo en Madrid

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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