AMOR, Aventuras y Flirteo

Encuentros casuales

Encuentros casuales 23 abril, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

“Me encantas” le decía él mirándola a los ojos fijamente mientras le acariciaba el rostro. Aquellas perlas azules la podían. Ella permanecía silente e inmóvil. Él se mordía el labio para contener sus ganas de desnudarla. Intercambiaban miradas cortas procurando no generar un momento de incomodidad. Él se acercaba a su boca. Se besaban. Ella tragaba fuerte y luego le mordía la lengua. Él, el labio inferior. Eso la enloquecía. Besos breves, largos, pausados, con mordiscos. Besos de todo tipo. Ella recorría su cara con su lengua. Él lo odiaba y a ella le causaba gracia. Él se acercaba a su cuello,recorría el trayecto desde éste hasta su lóbulo. Ella le mordía la barbilla, y llegaba al cachete al tiempo que él alcanzaba su oreja. Él disfrutaba jugar con su oreja, la bordeaba con su lengua, la soplaba, la humedecía completamente y eso la excitaba. Mucho. Humedad que se replicaba en su intimidad, sin que él se diera por enterado.

Los besos se enfurecían, se tornaban más rápidos, violentos y apasionados. Las ganas se acrecentaban con cada caricia. Sus manos recorrían las curvas de su cuerpo y le bajaban la blusa para descubrir sus pechos. «Me encantan tus tetas». Le decía a los ojos. Ella sonreía y le besaba la boca. Él la esquivaba acercando sus labios a su pezón. Lo lamía. Tomaba sus pechos entre sus manos, cabían perfectamente en ellas. Los masajeaba, los besaba, se hundía en ellos profundamente.

Ella, en medio del disfrute, conducía su mano hacia el pantalón de él. Lo rozaba fuertemente, para sentir su miembro tieso. Era como una roca. «Mmmm -le gemía al oído- es perfecto». Eso disparaba en él todas las ganas del mundo. Y entonces sus manos bajaban de sus pechos a la ingle. Con sus dedos bordeaba su entrepierna. Sentía su calor. Se quejaba de que ella siempre usara pantalones. «¿Por qué no te pones vestido cuando nos vamos a ver?» Como buena mujer, se hacía la inocente. «No sabía que hoy nos veríamos» se disculpaba ella. A pesar de la queja se disponía a bajarle los pantalones, casi al mismo tiempo que ella le bajaba el cierre y lograba escabullir sus finos dedos dentro del calzoncillo y alcanzar su miembro. Eso lo excitaba, naturalmente. Se mordía el labio inferior para contenerse, pero cogiéndole el rostro entre las manos para besarla apasionadamente y luego cortarla. «Esto no puede ser».

«¿Quéeee? ¿¡Así calientes como estamos y esto no puede ser!?»

Así transcurrían entre ambos los encuentros casuales que surgieron por un período de unos seis meses. Siempre inesperados, para ella. Propiciados por él, quien soñaba con ellos desde el primer día en que la vio. Había sido como amor a primera vista. Pero ella nunca lo supo. Hasta que él le contó… después de casado.

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Soy casado, fue otro de ellos. Aunque no el mismo personaje de esta historia.

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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