DESAMOR, Fails y Cómicos

Segunda oportunidad

Segunda oportunidad 28 abril, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Patrick Tomasso (Unsplash)
Foto: Patrick Tomasso (Unsplash)

 

 

Habría sido injusto juzgarlo por una única noche de mal sexo, así que decidí darle una segunda oportunidad.

Me gustaba. Entre nosotros la química se daba de algún modo extraño e inexplicable, pero funcionaba. Nos veíamos de tanto en tanto. Era un hombre inteligente, interesante, profesional, preocupado y cariñoso. Estaba pendiente de mi y comentaba de sus planes a futuro conmigo y yo deliraba con pensar en ellos.

Nunca entendí cómo es que lo nuestro funcionaba. Pero dispuesta a darle otra oportunidad, acepté su invitación al cine. Hacía meses que no nos veíamos. Quedamos encontrarnos cerca del centro de la ciudad, e ir a esos cines que tanto me gustan, aquellos que transmiten películas de autor y extranjeras, todo lo alejado a lo comercial.

A última hora cambia el punto de encuentro y me da la dirección de su casa, también en el centro. Y aunque estamos sobre la hora, aún tenemos tiempo. Lo espero en la puerta tras tocar el intercomunicador. En mi espera me lo imagino bajando las escaleras en un jean, unos converse y una camisa de rayas azules. Guapo, como realmente sé que es. Sale del ascensor en un pantalón corto verde militar y una camiseta gris. Ni siquiera se ha bañado…»¿Vas a ir así al cine?» pregunto poco contenta con lo que me recibe. Me da un beso en la mejilla y me dice: «No, linda, no he podido cambiarme». Sin poder evitarlo se me transforma la cara. Pero con voz de carnero degollado le digo: «Me dijiste que nos encontrábamos aquí porque estabas más cerca del trabajo y lograbas alistarte más rápido».

«Tuve un día complicado en el trabajo. Acompáñame y te cuento». Respiro profundo y lo sigo. Subimos a su departamento. Es mínimo, ordenado pero típico cuarto de hombre. Me siento disgustada en una silla. Él va a la cocina y me dice: «¿qué quieres comer? Te hago una cena especial para compensar». «No» respondo cual niña consentida que soy «Quiero ir al cine». Se acerca a mi y me dice: «Nena, no podemos, hoy estoy cansado. Tuve un día terrible». Con ese argumento me siento casada. Y se supone que este hombre se muere por mí. Y respondo, con cara entre tierna y molesta: «¿Y por qué me dices de vernos hoy?». De frente a mí, se acerca, me abraza: «Tenía muchas ganas de verte» ¡Awwww! ¿Cómo es tan lindo? Perdonado. Me convence y me dice: «te hago una rica cena y vamos al cine más tarde ¿te parece?» Por eso a mi este hombre me encanta. «De acuerdo», le digo poco convencida pero sin más remedio. «¿Te provoca un bife (churrasco) con ensalada?». «Me apetece comer afuera, la verdad, no en tu casa. Pero como cualquier cosa».
No soy una mujer problemática. Más bien me adapto a toda situación con tranquilidad. Así que asiento. Se va a la cocina «¿Quieres una Coca-Cola, Sprite, un jugo?». «No, con agua estoy bien, gracias». «¿Agua? no vas a tomar agua, qué aburrido». «A mi me gusta el agua» le digo con una sonrisa. Tras revisar su frigorífico me dice: «Bajemos mejor a comprar un vino antes de que cierre el chino». «¿También vamos a tomar algo acá?» «Sí, nos tomamos unos vinos en casa y luego salimos, ¿te parece?» Bajamos al chino de la vuelta, compramos el vino que él decide. Asumo que sabe de vinos. Buscamos unas papas fritas que me gustan. No hay. Llevamos otras. Subimos al apartamento. Me sirve el vino en un vaso, ni siquiera en copa.Nos sentamos en el piso a tomar vino y a charlar de su día de trabajo, de mi futuro, de relaciones familiares. Comemos las papas. Me quedo con hambre. «Te puedo hacer un sándwich» ofrece. La verdad vine para que fuéramos al cine. No vamos. Me ofreces un bife con ensalada. No hay. Quiero agua de tomar. No te parece. Me ofreces un sándwich, que en realidad no me gustan. Te pido salir a cenar. Tampoco. Tomar unos tragos en un bar. Me compras un vino donde el chino. Ni falta hace contar lo que siguió, o el desperdicio de esa segunda oportunidad.

Capítulo cerrado.

 

 

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A él, aunque le había dado una segundo oportunidad, no me acostumbraba

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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