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¿A tu cama o a la mía?

¿A tu cama o a la mía? Posted on 14 mayo, 2014Leave a comment

Soy una feliz y soltera, periodista y escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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Así me recibían los argentinos. Bailando en una disco interrumpían para preguntar tu nombre y seguido: ¿A tu cama o a la mía? A mí me costaba creerlo. Era demasiado directo, osado a decir verdad. No sabía cómo manejarlo, si salir corriendo, darle una bofetada o detallarlo de cerca para ver si ciertamente era conveniente salir a probar camas.

Pero viviendo ahí aprendí a convivir con eso. Y pensé que todos eran así. Razón por la cual comencé a nutrir mis prejuicios en torno a la forma de ser de los argentinos. Hasta que una noche de boliche (discoteca) me fui con unas amigas al cumpleaños de una. La cena estuvo estupenda, el baile mejor y la fiesta ni hablar.

En medio del jolgorio un chico alto comienza a bailar conmigo. Intercambiamos nombres. ¿Tú que haces? Curso una maestría. ¿Tú? Tengo una tienda de libros y películas. Y entonces esperé la línea: ¿A tu cama o a la mía?… Seguíamos bailando, mirándonos y conversando y la línea nunca llegaba.

Nunca llegó. Era simpático, alto, lindo y flaco. Al poco rato de enterarme que él era amigo de uno que estaba ligando con mi amiga, se acerca ella y al oído me dice: “Necesito pedirte un favor”. Yo, como buena amiga escuché sus suplicas aún sabiendo que no pondría mayores peros a ella… hasta que habló. Quería que la acompañara a quedarse a dormir en casa de este chico. Aparentemente esa noche él y sus amigos -incluyendo a mi chico- se quedaban juntos en casa de alguno de ellos. Yo abrí los ojos como dos platos y la miré anonadada diciéndole con mis ojos “Estás loca”. “Te lo pidoooo” sonrió.

Fue esa clase de decisiones que al recordarlas en tu mente sigues sin entender por qué has dicho que sí. Lo siguiente que recuerdo es estar ambas con ellos en el auto, camino a la casa de su chico y el mío estirando una colchoneta en el medio de la sala. “Acá dormimos vos y yo” ¿Cómo? Yo ni te conozco y ya existe una colchoneta para dos. ¿Ya somos un tú-y-yo? ¿Qué hago yo aquí? Mi amiga ya estaba en la habitación con su chico. Yo no sabía si lanzarme por la ventana por haber caído en cuenta de la decisión que había tomado, o asumir mi valentía de haber elegido estar ahí y compartir un espacio levemente acolchado de 1,00 x 1,90 con un desconocido que tiene una tienda de vídeo. “Me llegas a poner un dedo encima y eres hombre muerto” le dije mirándolo a los ojos con voz grave y seria. Sonrió y me dijo: “lo prometo”.

Y así fue como conocí a mi novio argentino.

 

 

 

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Así fue como me sedujo.

 

Soy una feliz y soltera, periodista y escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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