Simpático y lindo

Foto: Ezra Jeffrey (Unsplash)
Foto: Ezra Jeffrey (Unsplash)

Era un jueves cualquiera, nada extraordinario: pararse temprano, ir a la facultad y volver a casa. Yo conducía de salida de la universidad cuando me topé con él. Estaba con un amigo en el autoestop, pide cola, pidiendo aventón, haciendo dedo, como quieran llamarlo y cargaba un cartel que leía la zona donde vivo. Los recogí. A mi lado, de copiloto, iba un chico flaco y moreno. Hablador pero poco simpático. En el asiento trasero iba uno guapísimo. Yo me asomaba en el retrovisor y dos metras azules iluminaban el espejo. Una piel blanca porcelana y unos pelos rubios desgarbados completaban la imagen. Este era conversador, simpático y lindo.

Yo, además de conducir, buscaba la manera de controlar que mi boca no babeara cada vez que me asomaba por el retrovisor. Debería hacer estos favores más a menudo. Si los chicos que voy a recoger son así, quizás aquí conozca a mi futuro novio. Ellos eran solteros y estudiantes de ingeniería industrial. Vaya a saber de qué trata esa carrera que ni ellos sabían explicar. Eran compañeros desde la escuela, cursaban juntos la universidad. Iban a reunirse para un proyecto que debían entregar la semana siguiente. Me costaba prestarle atención al que estaba a mi lado, ésta se concentraba en el asiento trasero. Gracias por haberme alegrado el día con este par de ojos azules que me hablan a través del retrovisor. Me pidieron que los deje en un centro comercial común de la zona, muy cercano a casa. Curiosa pregunté dónde vivían y al mencionar el nombre de su calle y darme cuenta que era también la mía, ofrecí llevarlos hasta su casa.  El chico lindo, que llevaba el mismo nombre que mi hermano, resultó vivir en mi misma calle, unas casas más arriba. La idea de que fuéramos vecinos me hizo sonreir, así que los dejé directamente en su casa y partí a la mía.

Llegó el día sábado. Estaba sola en casa. Suena el timbre. Me asomo a la puerta, y a lo lejos, en la reja de afuera de casa hay un chico en bicicleta. No lo conozco. No tengo amigos que vengan en bici a casa. ¿Quién será? “¿Quién es?” , pregunto desde lejos. Una voz desconocida nombra a mi hermano. Mi hermano no está en casa, salió hace un rato. Y no vendría en bicicleta. Corto circuito mental. Mi cuerpo colapsa en estado de shock. Inconscientemente abro mis ojos como dos huevos fritos. El chico simpático y lindo de anteayer. ¡No puede ser! ¿A qué viene?

 

 

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