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Me enamoré de…

Me enamoré de… 4 junio, 20141 Comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Andrew Neel (Unsplash)
Foto: Andrew Neel (Unsplash)
Me enamoré de su apellido. Siempre he tenido un fetiche por los apellidos poco comunes, quizás porque soy una de esas. Desde adolescente he soñado casarme con un hombre con un último nombre raro. Mientras más raro, mejor.
Nos conocimos por internet, en la época en la que habíamos aprendido a escribir direcciones de correo electrónico normales. No como al principio de la era digital -¡qué viejo suena eso!-: cachorrito0102@loquefuere.com, o hotsexydiva@cualquiercosa.com, o elgranmachito@tumailprivado.com. No. Era época de e-mails serios, con nombre y apellido. Al menos para aquellos que lo habíamos entendido.

Me había enviado un mensaje privado por Hi5 (la red social que luego sería reemplazada por Facebook). Me tomé la molestia de revisar su perfil. Tenía muy buenas fotos de si mismo y parecía entre interesante y simpático. Y confieso, además de sus ojos marrón verdoso, su rostro masculino y su sonrisa sincera; me llamó la atención su correo: lo que a fin de cuentas se traduciría en su nombre.y.apellido@puntocom. O así creía yo. Así que tras haberme deleitado con todo su perfil, cuando vi Pablo Estranxeiro sonreí por dentro. Creí haber encontrado a mi media naranja virtual. ¡Sí, finalmente uno de apellido raro!

En nuestra primera cita fuimos a un café, donde con facilidad entramos en calor con gratas conversas. En medio del encuentro colé la pregunta: “¿y ese apellido Estranxeiro de dónde es?”. Se rió a más no poder. Yo estaba al borde de la incomodidad pero aún esperaba su respuesta. “Estranxeiro no es mi apellido…” Mis ilusiones se desmoronaron. No entendía nada de lo que ocurría a mi alredador. “…significa ‘extranjero’ en gallego. Mi apellido es Pérez”.  ¡Nooooooooooooooooooooooooooo!

¿Pérez? No sabía si era 50% menos guapo por tener un apellido tan común, o si era 50% más tonto por tener un mail ridículo en tiempos en los que ya no se llevaba. De lo que sí estaba segura es que esa noche me había entretenido lo suficiente como para darle otra oportunidad a pesar de contar con la mitad de los créditos que en un principio.

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Con él descubrí, sin duda alguna, que el amor entra por…

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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