Posted in Relaciones y Convivencia Sexo, placer y erotismo

Sexo virtual

Sexo virtual Posted on 25 junio, 2014Leave a comment

Soy una feliz y soltera, periodista y escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender. Amo escribir, viajar, conocer gente, la buena comida (en la cama y en la mesa), tomar fotos, pintar, leer y dormir.

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Yo tenía un novio que vivía al otro lado del mundo. Vale, no exageremos, del otro lado del continente. Sí, lo mío con las amores de lejos era como una enfermedad crónica, no era el primero y sin saberlo, tampoco sería el último. En ese entonces compartía varias noches conversando con él. Dejaba de salir con mis amigos para hablarle, verle unos minutos y derretirme como una tonta en la silla frente a una pantalla, invirtiendo horas de mi tiempo con alguien que no compartía siquiera la misma franja horaria.

No voy a mentir, por muy tonto que pueda sonarles, el mejor momento del día era la noche, solo porque sabía que hablaría con él. Luego de varias interacciones vía Skype, durante varios meses de sacrificio (de amigos, de tiempo, de horarios y de familiares) decidimos probar algo en lo que ninguno de los dos había participado jamás: sexo virtual.

A mi me emocionaba la idea. Olvidaba que lo tenía lejos y comenzaba a alimentar esas fantasías eróticas diciéndole palabras sucias a una pantalla de laptop. Nos veíamos en la cámara, mordiéndonos los labios y lanzando besos al vacío. Me pedía que me desnudara, yo a él. Cerraba todas las cortinas de casa pero encendía todas las luces para que pudiera verme bien. Me desnudaba frente al computador cual animal sediento de sexo. Él me adulaba y yo sentía un regocijo al ver que él disfrutaba. Era toda una experiencia, y asimilable a ninguna otra. Casi infantil con ese obligado ‘mira pero no toques’, que luego cobra un tinte morboso de compartir la noche con alguien que no está físicamente. Tiene algo de erótico, aún no sé qué es. Una suerte de placer voyeurístico, o reto a la imaginación. Es difícil de manejarlo, pero te acostumbras. Y entonces comienzas a seguir las instrucciones del otro, a dejarte seducir, a recorrer tú misma tu propio cuerpo hambriento, a alimentar ese morbo que juntos cultivan. A dar instrucciones al otro de cómo tocarse, de qué hacer, a decirle guarradas hasta hacer acabar al otro.

Y de pronto miras a tu alrededor y está solo tu ropa en el suelo. Estás sola de pie sobre una silla para que el otro pueda verte bien. Desnuda y expuesta, en una posición poco favorable para tu cuerpo y para el público. Y piensas: menos mal que el walk of shame es corto y es solo hasta la habitación, porque si fuera de una cuadra, por muy bueno que haya sido el orgasmo no lo habría repetido.

 

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Soy una feliz y soltera, periodista y escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender. Amo escribir, viajar, conocer gente, la buena comida (en la cama y en la mesa), tomar fotos, pintar, leer y dormir.

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