Pedía a gritos…

Foto: Andrew Welch (Unsplash)

 

 

 

Pedía a gritos al universo que lo sacara de mi vida. Que no lo volviera a ver. Que no se me cruzara por la calle. Que no me llamara. Que no me escribiera. Incluso tomé la medida de borrarlo de mi celular. Eliminé su contacto bajo todos sus nombres y seudónimos para que no existiera siquiera esa absurda tentación de escribirle. Lo saqué de todos mis espacios y le rogué al mundo que se lo llevara. Lejos de mí. No quería saber nada de él.

Jamás me hizo nada malo, debo confesarlo, pero sin quererlo me fui enamorando. Y me costó admitirlo. Pero bastaron cuatro encuentros para que sacudiera mi vida. Me descolocaba. Me movía el mundo, me daba vueltas el corazón, sudaba frío, mi cuerpo temblaba y mi piel se erizaba. Todo, con un simple mensaje de texto, siquiera una llamada telefónica. Me tentaba su cuerpo, su mirada penetrante, sus ojos claros y su sonrisa dulce. Su trato dócil, sus palabras tiernas, sus caricias. Prefiero no contarles cómo se estremecía mi cuerpo al verlo.

Pedía a gritos una señal. Solo una que me dijera qué hacer con él. Si sacarlo de mi vida por siempre o buscarlo para confesarle lo que sentía por él. Dudaba de estar haciendo bien las cosas. De estar desperdiciando mi tiempo apartándolo de mi vida o al no expresarle mi situación sentimental. La señal llegó. Estaba haciendo bien dejándolo ir. Después de todo volvería si así tenía que ser. Hablé con el universo para que se lo llevara lejos, muy lejos de mí. Que me dejara vivir tranquila. Sin saber de él, sin tenerlo presente. Sin traerlo a mi mente. Y así fue.

Y cuando ya estuve segura de estar haciendo lo correcto. Cuando todo iba viento en popa. Es decir, ya casi no me acordaba de él. Cuando me acostumbré a vivir sin su presencia. Cuando comencé a disfrutar mi vida sin él. Cuando entendí que no lo necesitaba. Cuando asumí que si era para mí sería para mí a pesar de todo. Cuando comprendí que si realmente debíamos estar juntos él volvería solito.

Y al día siguiente de todo aquello. Tras haber leído sobre coincidencias. Apareció.

 

 

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