DESAMOR, Fails y Cómicos

Te quiero comer

Te quiero comer 23 julio, 20141 Comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Steve Allison (Unsplash)
Foto: Steve Allison (Unsplash)
No soy de salir sola a bares. De hecho era mi primera vez. Mi equipo me obligó. Pleno furor del mundial. Jugaba Argentina contra Suiza y no lo transmitían en señal abierta.

Fui al bar de la esquina de casa. Sola. Pedí una cerveza y me arrinconé a disfrutar del partido. En el entretiempo se me acercó un señor mayor, podría ser mi abuelo. Conversamos un rato y me presentó a un chico. Un poco raro él, a mi parecer.

Al comienzo del segundo tiempo se me acerca el raro. Cuando digo raro me refiero a que parece que botaba la segunda, perdía aceite, si me entienden. Ecuatoriano. 12 años en Madrid. Cuatro en ese bar. Trabajaba ahí por las mañanas, sirviendo café. Me invita una cerveza. Accedí. Nos sentamos en una mesa junto a quienes pensé eran sus compañeros –pero no lo eran– y continuamos viendo el partido. Era simpático. Hablador.

Tres cervezas más tarde y juego concluido noto un cambio en su actitud. Me habla de cerca, me hace ojitos. Todo en tono de seducción. Yo aprovecho la oportunidad, me hago la desentendida en uno de sus acercamientos me dice: “me gustas” – “Y a mi el de camisa azul que está allá sentado”, le respondo señalando con la vista a mi objetivo. Él pela los ojos y molesto golpea sus piernas con las palmas de las manos. Yo sentía que me había perdido de algo. “¡No lo puedo creer!” Me dice viéndome fijamente a los ojos. Yo es que no me entero. “Yo queriendo comerte el coñito y tú queriendo follarte a mi jefe”.

Bueno, tanto como follarme tampoco. Que es guapo, pero no pa’ tanto. ¿Cómo? ¿Tu jefe? Mi cerebro a este punto ya había entrado en colapso. No sé si por el gay declarándome sus ganas. Si por secretamente haber conocido al dueño del bar de enfrente. O por la franqueza de ese comentario. Reí a más no poder. Él extrañado me miraba atónito. Yo volteaba mis ojos hacia su jefe y hacia él de manera intermitente sin parar de reír. Tomé aire para poder hablar y con la honestidad que siempre me ha caracterizado le dije: “Yo pensé que eras gay”

–“¿Yoooo? ¿Gay? ¿Cómoooo?”– “Lo siento. Solo estoy siendo sincera contigo. Me has dejado anonadada con lo del jefe… y ni te cuento con lo del coño.” Le dije con mucha seriedad y rematé la oración con cara de pocos amigos.

Él queriéndose comer mi coño y yo con ganas de comerme una hamburguesa en la cuadra de enfrente. Hoy estoy segura de que realmente me lo quería comer para tragárselo y tenerlo en su cuerpo.

 

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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