ADMIRADORES, Bares y Fiestas

Desconocidos

Desconocidos 8 agosto, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Y es que incluso un desconocido puede cambiar tu día. Aunque resulte difícil de creer así fue. Era un jueves cualquiera de verano. Soleado y hermoso. Recorría el Paseo La Castellana desde Gregorio Marañón hasta la Puerta de Alcalá. El pintoresco paseo que hacía para ir al trabajo.

Desconocido # 1
Plaza de Colón
Taxista en pleno semáforo verde de peatones cruza la calle. Por suerte tuve la dicha de mirar a los costados antes de cruzar y cuando pasó frente a mí le estampé mi mano en todo el lateral trasero de su auto. Incluso dos días después del incidente cargaba en mi mano la marca de aquel golpe. El dolor me hizo arrepentirme, espero el ruido del golpe haya generado en él la misma sensación.

Desconocido # 2
Trabajo
El hombre que durante un mes fue mi jefe, quedará catalogado, para efectos de esta nota, como un desconocido. Porque sé poco de él y lo agradezco. Había llegado a tiempo al trabajo, como todos los días. Tomé mi puesto, me dediqué a contestar mails y hacer llamadas. Un día como cualquier otro. Nada especial, hasta llegadas las 4 de la tarde. Le pedí irme temprano porque tenía mucho trabajo en casa (trabajo del que él estuvo al tanto desde el día de la entrevista). Obtuve su permiso. 5 minutos más tarde me llama a su oficina y junto al desconocido de RRHH, me despidió.¿Cómo pensar que este incidente no cambiaría no sólo mi día sino también mi vida.

Desconocido # 3
Calle Ibiza
Caminaba al abasto para comprar algo de cenar. Pasé frente a un bar donde había varios señores mayores reunidos afuera bebiendo. Entre ellos conversaban y a medida que yo pasaba uno le dice al otro: “cuando se entere el de Ferrero que se escapó de la cajita…”. Cuando me di cuenta que el comentario era conmigo porque era la única en la calle, sonreí para mis adentros.

Este día, aunque pintaba ser como cualquier otro, no lo fue. Tres desconocidos se encargaron de regalarme: uno un moretón, otro un despido, y otro una sonrisa.

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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