Posted in Aventuras Amorosas Noches de copas

No lo volveré a ver

No lo volveré a ver Posted on 11 agosto, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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Había sido modelo de sus fotos. Posé para un par de ellas en una ocasión puntual. Me gustó el proyecto. No había desnudez. Tenía un propósito claro. Y fui modelo por un día de un fotógrafo cachondo al que no conocía, pero que no volvería a ver. ¿Cuántas veces no hemos pensado en…no lo volveré a ver?

Me equivoqué. Resultó ser amigo de una amiga mía, y pues naturalmente, como juré que no lo volvería a ver, el mundo nos propinó un reencuentro en un Café. Varios vinos más tarde terminamos, mi amiga en su casa y nosotros, recorriendo las calles bonaerenses conversando, compartiendo puntos de vista y  pasándolo bien, no lo voy a negar.

En la esquina anterior a casa, puso su brazo detrás de mi espalda y con su mano derecha me agarró la cara y me besó. No había sido ‘el beso de la vida’, pero con las copas de por medio fue suficiente para subir a casa. ¿Qué estoy haciendooo? ¿Cómo he traído a este hombre para acá? Llegó solo…a propósito. -procuraba convencerme a mí misma- Sabía dónde vivía porque vino a hacer las fotos y volvió. Bueno, da igual si vino él, lo traje yo, o los vinos. Estamos aquí y no quiero. No puedo hacer esto. Con ambas manos tomaba mi cara para besarme mientras su torso presionaba el mío hacia la pared norte del ascensor. Salimos del elevador sin que nuestros cuerpos se separaran, como dos enamorados. No estábamos enamorados, sólo queríamos sexo. Sí, yo también quería sexo, pero no con él.

Con gran maestría sus manos frías se escabullían por debajo de mi abrigo. Sus dedos suaves y ágiles acariciaban mi barriga y subían lentamente a mis pechos. Los besos se intensificaban. Procuraba cortarlos pero mis ganas de ser amada me lo impedían. Mi carne se debatía entre continuar este deleite o pasar de él. Entramos a la habitación, la misma sobre la cual había posado para sus fotos. “Me enloquece tu cuerpo. Sé que debajo de todas estas capas de ropa se esconden unas curvas increíbles”, me decía al oído con voz morbosa. Mi interior se derretía y por fuera se notaba. Mordía y lamía mis orejas, paseaba su lengua por mi cuello, acariciaba y arañaba mi espalda. A todo lo que me hacía, mi cuerpo no sabía cómo negarse.

Nunca me había tenido que enfrentar a una situación tal: estar frente a la cama con un hombre, porque sí, me llevaba más de 10 años, y no querer estar ahí. ¿Cómo me permití llegar hasta este punto? Comencé a alejar mi cuerpo en señal de negación. A apartarle mi cara. Y entonces optó por asirse a mi cuerpo. Él estaba sentado en la cama. Yo parada frente a él. Mi torso desnudo. Mis pechos al aire eran devorados por su boca. Sus caricias destilaban experiencia, sus palabras poesía. “Me encantan tus tetas”, asomó a decir interrumpiendo los besos mientras las tomaba entre sus manos y hundía en ellas su cara. Mordían mis pezones, besaba mis labios y con sus manos conducía las mías haciéndolas llegar a lugares a los que no quería llegar. Yo me negaba. Él volvía a mis pechos. Los besaba, los mimaba y los amasaba, con una ternura digna de quien ha sido padre…

Que lo era. Y tomando sus hombros entre mis manos y eso como argumento decidí: “No lo volveré a ver“.

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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