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Aceite y vinagre

Aceite y vinagre Posted on 13 agosto, 2014Leave a comment

Soy una feliz y soltera, periodista y escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Unsplash (Pexels)
Foto: Unsplash (Pexels)

 

 

Éramos como el aceite y el vinagre.

Él. Flaco, moreno y pelo crespo negro. Tenía unos rulos hermosos y una barba prominente que me enloquecía. Bien trigueño. Nacido en el Caribe tropical en medio de ese mélange de razas, culturas y costumbres. Era de carácter dócil, agraciado y alegre. Cantaba salsa. Tenía un timbre de voz grave, fuerte, fácilmente podría haber sido barítono, pero su voz tenía demasiado son. Soñaba con su banda, llegar lejos, tocar en lugares importantes, hacerse famoso. Vivía en una zona humilde de la capital, donde reinaban la desidia y la anarquía. Ahí resaltaba él entre la muchedumbre, porque a pesar de su realidad, él había estudiando en una de las mejores escuelas de la ciudad y tras obtener su título de bachiller continuó su formación en una universidad pública, la mejor del país, cursando Estudios Internacionales. Le gustaban los temas de política e historia, artes y literatura. Disfrutaba hacer deporte, salir, tomarse una cerveza y bailar. Le encantaban los niños, animarlos, jugar con ellos. Reía y disfrutaba hacer reír a la gente.

Yo. Blanca (con la piel curtida por los viajes a la playa en mi niñez), delgada, menuda y de cabellos castaños largos y lacios. Caucásica, oriunda del melancólico cono sur, pero adoptaba por ese Caribe arrasador que te alegra la vida con su clima, sus costumbres y su gente. De carácter fuerte, tranquila y proactiva. Yo me iniciaba en mis estudios de música clásica, formándome como soprano, quizás Mezzosoprano. Comprometida con ello pero clara en que no pasaría de ser un hobby. Vivía a mis anchas con mis viejos, mi hermano y dos perros que cuidaban nuestra casa. Me formé en una escuela bilingüe y posteriormente me embarqué en estudiar comunicación social. De historia sé poco, poco me interesa. Las historias que me gustan son sobre lo cotidiano, lo desconocido, las que cambian vidas, que inspiran, las que hacen que el mundo funcione mejor. Soy una apasionada del arte, la fotografía y la música. De todo menos la salsa (que con los años, y gracias a él, aprendí a disfrutar). Yo disfrutaba quedarme en casa, ver pelis, tomar un café y pintar. Me encantan los niños, jugar con ellos, hacerlos reír y reírme con ellos.

Naturalmente, compartíamos cosas en común: disfrutábamos reír a carcajadas, los niños, las salidas, la playa, comer rico, dormir hasta tarde y jugar en la cama.

Y una vez descubierto todo aquello hicimos la vinagreta más sabrosa de la vida. Agridulce. Nos duró unos dos años hasta que expiró. No sé si se venció el amor, si el aceite se espesó o el vinagre se amargó. Lo cierto es que nuestras diferencias nos fueron apartando a tal punto en que por más que nos emulsionaran, ya todo estaba acabado.

 

 

 

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¿Quieres saber algo más de esta historia? Léelo aquí

 

Soy una feliz y soltera, periodista y escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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