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Conocer las estrellas

Conocer las estrellas Posted on 18 agosto, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Gerrit Vermeulen (Unsplash)
Foto: Gerrit Vermeulen (Unsplash)

 

Él y yo frente al mar.

Mi escenario favorito, su: no-me-queda-de-otra-opción.

Teníamos pocos meses compartidos, muchas palabras pronunciadas, infinidad de estrellas sobre nosotros y escasos 10 días a nuestro favor.

Descansábamos en el capó del auto viendo al horizonte. Se veía la bruma del mar y la arena volar cuando el cielo comenzó a bajar. El sol se escondía lentamente tras la inmensidad del Caribe y las estrellas aparecían de a poco, mientras él las enumeraba, me contaba pequeñas historias de ellas y besaba mi frente, mi nariz, un ojo, el otro, mis cachetes, uno a uno, mis orejas, lentamente, mi hoyuelo en el lado izquierdo de mi cara. Y mi boca. Y mientras nos besábamos el mundo a nuestro alrededor desaparecía, las cosas se esfumaban, se escondían, no existía ni el manto de estrellas, ni el auto, ni aquel paisaje, ni el suelo, nada. Solo él y yo. Solos, él y yo. En la nada, disfrutándonos, dando el todo por el todo como si no hubiera mañana, como si hubiésemos sido delicadamente confeccionados para calzar uno en la vida del otro. Fue entonces cuando las distancias desaparecieron, las fronteras, las barreras y las limitaciones reales y mentales. Y fue ahí, gracias a él que conocí las estrellas.

Las mismas que meses más tarde me harían digerirlo todo y darme cuenta que la solución a mis problemas no estaban en sus palabras, ni mi felicidad en su compañía, sino en ese inmenso cielo que cubrió nuestros cuerpos cuando nos deleitamos mutuamente frente a las saladas aguas del Caribe y entre aquella espesa bruma marina. El mismo que se ocupó de juntarnos inesperadamente, presentarnos oportunamente y separarnos inevitablemente.

 

 

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Yo lo único que quería era volverlo a ver

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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