Me sedujo

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No fue su cuerpo esculpido de gimnasio lo que me sedujo. Tampoco sus viajes a la India, Estados Unidos o donde fuere. Mucho menos su obsesivo afán por comer saludable. Aún recuerdo su voz por las mañanas diciéndome: “Comete una banana que hace bien y sólo se pueden comer por la mañana pues son carbohidratos”, su universo de libros y películas a mi disposición todos los días del año ni sus habilidosa cama. Bueno sí, esto último un poco.

A decir verdad, por muy perfecto que pudiera parecer con estas pocas líneas descriptivas, les confieso -aquí en secreto- que tenía un edredón peludo estampado con un tigre estampado que odiaba ver posado sobre la cama que compartíamos. No soportaba la forma en que alzaba su labio hacia la nariz con tono de: “como vos quieras, a mi me da igual”. No lo soportaba. Tampoco los cactus en su habitación o su forma arrabalera de hablar.

Me sedujo su enfermedad. O más bien, su fortaleza para superarla. Caer en las drogas, por mucho que aparezca en la tele, seduzca a las masas, beneficie a los gobiernos y parezca ‘cool’, no lo es. Él lo tenía muy claro. Había sido víctima de esas infames seducciones y además, había tenido el coraje de contármelo apenas meses después de conocernos.

No me enteré del mejor modo. En realidad, en uno de mis enfados tras no ser consentido mi deseo de salir a tomar algo a un bar para cambiar un poco la rutina de su casa o la mía, me lo confesó. “Lo siento che. No es que no quiera salir con vos o que no quiera complacerte. Se trata de que estoy en rehabilitación. Vengo de un mundo muy feo al que conocí hace unos años atrás y del cual prefiero hablar poco y olvidar mucho. Me gustás. Me encantás. Lo sabés.¿lo sabés?” Aquellas palabras habían retumbado en lo más profundo de mi ser y a ese punto sólo me restaba mirarlo con cara de cordero degollado sintiéndome, además, culpable de mi propuesta. Triste porque él hubiera pasado por algo así pero feliz de poder servirle de ayuda en aquel camino. “Pero entendéme. Ir a un bar me tienta a hacer cosas que no quiero hacer. Me invita a un mundo al que no quiero volver.”

Me sedujo su sinceridad, seguida de sus lágrimas y sus ganas de vivir en un mundo alejado de la oscuridad.

 

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