DESAMOR, Fails y Cómicos

Me encontró

Me encontró 1 septiembre, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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En plena era del dial-up. Sí, de esas cuando el internet no era omnipotente ni omnipresente y llegaba a nuestros hogares anunciándose con ese distinguido pitido que simulaba una rueda telefónica. No existían los celulares, bueno sí, los llamados ‘ladrillos’; pero se reservaban solo para algunos privilegiados pudientes dentro de los cuales, por supuesto, no figurábamos los niños o adolescentes que éramos. Se usaban las páginas amarillas, los cassettes, y hablar por el teléfono de casa, ya me entienden.

Estábamos en edad de colegio, teníamos espinillas en la cara y nos debatíamos entre salir a jugar o sentarnos en la compu un rato a ver si el internet se dignaba a concedernos unas horas de lujo.

Fue en un Day Camp en el Miami Seaquarium cuando nos conocimos. Él estaba encantado conmigo, por muy ridículo que pueda sonar de mi parte, es la verdad. Yo no tanto. Había algo en su forma de ser que me hacía pensar en esos animales babosos. Eso! Las babosas, perdón, su carácter. En fin, me molestaba su insistencia y ese absurdo desespero por hacer notar sus halagos hacia mí delante del público. Terminé odiando que me dijera “que linda eres” y agradeciendo que se acabaran las vacaciones. Jamás pensé que sería posible querer que se acabaran las vacaciones. A decir verdad, era feliz sólo con saber que no lo vería más, que no sabría más de él.

Ya de regreso, una tarde, con mi mejor amiga en casa, le conté sobre el chico que había conocido en el campamento. Hablamos largo rato sobre ello, de lo poco que me gustaba y de lo mucho que me molestaba su actitud y me había incomodado su presencia. Y es que en plena época del dial-up, los teléfonos analógicos, celulares ‘ladrillo’ y páginas amarillas, el chico se había dado a la tarea de mover cielo y tierra y me encontró. Y fue durante esa íntima confesión sobre él con mi amiga que sonó el teléfono de casa. Era él.

¡Vaya a saber qué habrá hecho para conseguir mi teléfono!
Lo que sí me quedó claro de aquella vez, es que el que quiere, puede.

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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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