Su nombre

Foto: William Stitt (Unsplash)
Foto: William Stitt (Unsplash)

Quería que mi hijo tuviera su nombre -mucho antes de conocerlo a él, claro-.

Santiago, es otro que también siempre me ha gustado. Ambas opciones después de Iñaki, que siempre ha sido mi nombre de hombre favorito, pero que tuve que cambiar en caso de no conseguir casarme con un vasco. Al vasco lo conocí, hablamos sobre el matrimonio, le gustaba el nombre Iñaki, naturalmente, pero no me casé.

Sin embargo, contra todo pronóstico, aunque aún no me he casado, una señora -medio bruja ella- una vez me dijo que mi primer hijo se llamaría Samuel, Salomón, o algo con S. Yo prefería creer que se había equivocado de nombres o de persona, porque ninguno de los dos nombres mencionados eran de mi agrado. Y aunque tenía ganas de compartir ese momento curioso con el chico con el que salía en aquel entonces, preferí callar. Quizás resultaría comprometedor un comentario tal.

Pocos meses antes del incidente con la bruja, me comentó que su hermana estaba embarazada. Y pocos días después, comenzamos a conversar del tema niños, nombre y todo lo que se relaciona. Le conté mi secreta selección de nombres masculinos y mi interés por no tener nombre repetidos en la familia. “Como ya tenemos mi nombre en la familia, le pondremos el de mi gusto” se apresuró a decir. Qué tierno, que un chico que te gusta de verdad asome ideas de familia y comparta estas tonteras con uno. “Siempre he dicho que mi primer hijo se va a llamar Samuel”

CHAAAAN. La piel se me erizó. No sabía si él secretamente estaba en comunicación con aquella bruja que mencionó su nombre (el de ‘mi futuro hijo’) o si realmente se trataba del amor de mi vida.

“También me gusta Salomón, pero creo que suena muy bíblico. ¿Tú qué opinas?”

 

 

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