Tenemos que hablar

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Nos queríamos, nos gustábamos, compartíamos, disfrutábamos juntos. Todo funcionaba. O bueno, casi todo. La química era extraordinaria, pero había llegado ese momento cumbre de la relación, al que inevitablemente, en muchos casos, se llega. Pintaba ser horrible. Sabes que va a serlo por cuánto te ha costado tomar esa decisión. Y sobre esa cama de hotel, a kilómetros de su casa y de la mía, le dije: “Tenemos que hablar”. Realmente me pregunto si habrá otra forma de decir esto. Habrá tantas como mentes brillantes en este mundo. Pero el momento es tan pesado e incómodo que creo que preferimos no pensarlo mucho y pronunciar el cliché. Y lo primero que nos sale es: tenemos que hablar.

“No podemos seguir con esto. No eres tú, soy yo. Miento. Sí eres tú. Y yo también. Y es que esto entre nosotros no funciona.” No entraré en detalles porque recapitulando la escena vuelvo a llorar aún estando sola frente al computador tomando té a las 2 de la mañana mientras escribo estas líneas. En fin, terminamos. Su madurez personal y emocional alivió bastante toda la situación y acabamos en buenos términos. Pero la resaca emocional duró varios meses, ¿para qué mentir?

Y los años que crees que nunca pasarían, pasaron. Y el olvido que crees que nunca llegaría, llegó. Y el perdón que creías no merecer, también llegó.

Tenemos que hablar. Debo darte las gracias en persona por todo tu apoyo, tu ayuda, tu comprensión y tu amor. Gracias por dejarme conocer a un príncipe más. Gracias por no marcharte de mi vida. Adiós y hasta que el mundo nos reencuentre.

 

 

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Esto se acabó, pero en su momento la química entre nosotros fue inmediata

 

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