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Nuestro reencuentro

Nuestro reencuentro Posted on 8 septiembre, 2014Leave a comment

Soy una feliz y soltera, periodista y escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender. Amo escribir, viajar, conocer gente, la buena comida (en la cama y en la mesa), tomar fotos, pintar, leer y dormir.

Reencuentro pareja
Reencuentro pareja
“Recuerdo tu timidez de darme un beso en el aeropuerto. Eso nunca lo voy a olvidar. Cuando en la vía me contabas el viaje y al tomarte la pierna te quedaste sin habla.” 

El día que fui a visitarlo estaba entre emocionada y nerviosa. Había recorrido varios kilómetros en avión sólo por volverlo a ver. Pasé todo el viaje y los días anteriores a él pensando en cómo sería nuestro reencuentro. Si aún nos correspondíamos. Si le emocionaba, tanto como a mi, verme. Si este viaje sería una aventura o un calvario. Había prometido en irme a buscar.

Bajé del avión, estaba nerviosa, desorientada pero ilusionada. Con bolso en mano llegué a la sala de espera, miré a mi alrededor en busca de una cara conocida. A ese punto, habiendo pasado un mes hablando con él y sin verlo, no estaba segura qué debía buscar. Un cuerpo bajo y robusto, y ¿una sonrisa? Miré a mi alrededor en busca de una cara familiar. Y recordé que había mencionado que por asuntos de trabajo, llegaría un poco tarde a buscarme, pero que allí estaría. Confié ciegamente en sus palabras, pero aún así, era todo bastante incierto. ¿Aparecerá? ¿Vendrá por mi? Quizás venga solo por compromiso. Porque ya me prometió que estaría aquí. No. Yo creo que tiene ganas de verme. Seguro que sí. Seguro es más príncipe, de lo que pareciera por mensajes. 

Salí del edificio. Otee entre la gente y los autos del estacionamiento. Me negaba a aquellos taxistas que se acercaban ofreciéndome el viaje. Él no estaba. No me esforcé por seguir buscando. Me senté a un costado de la salida. Tenía un buen ángulo de visión, pero los nervios de que aún no hubiese llegado y de no recordar perfectamente su cara me generaban inseguridad. Prefería no mirar, en caso de que no fuera a aparecer. O en caso de verlo y no saber cómo reaccionar. Me hacían dudar sobre la decisión de haber ido hasta allá a verle. No sabía cómo iba a reacción. De dónde vendría. Ni siquiera sabía si realmente aparecería.

Cuando comencé a convencerme a mí misma de que ya no había vuelta atrás. Que la decisión estaba tomada y que “a lo hecho, pecho”, me tranquilicé. Reposé mi cabeza sobre la pared que escoltaba el pequeño muro de esa jardinera sobre el que me había sentado y dejé descansar a mi cabeza. Comencé a pensar en otras cosas. Y al cabo de unos minutos, sin ánimos de encontrar nada, miré a mi alrededor. Una polo amarilla con jeans se acercaba a mi. Permanecí sentada. Venía con un paso firme y decidido. Estaba impecablemente vestido, peinado y perfumado. No estaba segura si era él. Me alcé para detallarlo y me acerqué a la calle, por donde venía. Se acercaba a mí y estaba segura que era él. Ese chico con el que llevaba un mes conversando noche a noche. Nos sonreímos en la distancia.

Volvieron los nervios a invadir mi cuerpo, y como consecuencia de ello intenté tomar mi equipaje del suelo al ver que se acercaba. No lo logré. En menos de lo que calculé estaba él frente a mí. Me emocioné al verlo. No sabía cómo reaccionar. Su mirada me penetró. Nos miramos fijamente durante unos segundos. Sonreímos.  Nos abrazamos como si hubiesen pasado años desde la última vez que nos vimos, había transcurrido tan solo un mes. Concluido el abrazo fui a darle un beso en la mejilla. Sin darme tiempo si quiera de apartarme, tomó con ambas manos mi cara, acercó mi rostro al suyo y me besó en la boca. Olvidé dónde estaba, los nervios que me carcomían. Olvidé mis dudas y mis problemas. Aparté mis miedos e inseguridades. Y me sumí en un momento que nunca antes había vivido: nuestro reencuentro.

“Por fin llegó este momento que tanto esperé” me dijo, “Tenerte aquí conmigo”. Mi timidez solo me permitió sonreír. Me dio un abrazo de oso, tomó mi bolso con una mano, la mía con la otra y me llevó hasta su auto. Nuestro deseo cumplido.

 

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Soy una feliz y soltera, periodista y escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender. Amo escribir, viajar, conocer gente, la buena comida (en la cama y en la mesa), tomar fotos, pintar, leer y dormir.

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