Cómodamente “desnuda”

Foto: Kira Ikonnikova (Unsplash)
Foto: Kira Ikonnikova (Unsplash)
Como si pudieras elegir quién te gusta. Si me quedaba alguna duda. Este día la saldé.

Era alto, corpulento y peludo. No fumaba, pero sí bebía. Era la suma todo lo que no quería en un hombre. No era guapo, y físicamente no se parecía en nada a mis “estándares”. Vamos, como si el mundo tomara en consideraciones nuestros estándares para algo.

Entró al salón, nos presentaron y en el momento en que se sentó a mi lado, mi cuerpo se estremeció, las carnes se me aflojaron y en mi garganta se alojó una extraña sensación entre nervios y emoción.

Compartimos con la gente viendo vídeos y tomando cerveza. Con disimulo acercaba sus manos a mis piernas con un roce sutil, como si nos conociéramos de antes o como si el destino hubiese estipulado que conocernos era inminente. Recostaba su cabeza sobre mi hombro. Me miraba a los ojos al cruzar palabras y de tanto en tanto me salía con algún halago. Le gustaba, estaba claro.Y ahí estábamos los dos, sentados en ropa interior, uno al lado del otro, frente a otros, tan extraños como él. Pero cómodamente “desnuda” a su lado. Sentado junto a mi me miró de reojo: “estoy intentando seducirte pero no te dejas”.

No sé si fue una reacción inconsciente de mi cuerpo, pero mis mismas actitudes me hablaban diciéndome: que pase el próximo. Y así fue.

 

 

 

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En otro lugar del mundo, y con otro hombre… ni desnuda ni cómoda me presenté en la casa de sus viejos en Hot Pants.

 

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