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Hombre de bar

Hombre de bar Posted on 29 septiembre, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Pawel Kadysz (Unsplash)
Foto: Pawel Kadysz (Unsplash)
La noche había sido jugosa. Como no esperaba que lo fuera. Quedé con un amigo para vernos. Fuimos a un bar de un conocido suyo y nos sentamos a conversar compartiendo una cerveza que se ofreció a brindarnos. Siguieron los chupitos, y con ellos llegó él: el típico hombre de bar.

Su cuerpo diminuto, flaco, corroído por el tiempo, desgastado por la cotidianidad y seguramente por las drogas también. Hablaba lento, entrecortado y con poca claridad. Le faltaba aire a sus pulmones, vida a sus ojos, y humectante a su piel. Entró al bar diciendo que llevaba 2 semanas sin beber, pero que la falta de compromiso consigo mismo lo había obligado a beber esta noche. “Ponerme una cerveza”. El barman/dueño y amigo de tragos de este hombre le dio la bienvenida con una espumosa.

El hombre de bar conversaba solo, con la chica de la barra, con el dueño, con mi amigo. Hasta que llegó mi turno. Fueron tantos los temas de los que hablamos que perdí récord de ellos. Hablamos de las energías, de la Pachamama, del significado de la vida. Me encantaban su perspectivas, su claridad mental a pesar de todo el desajuste físico que su cuerpo exponía. La conversación era divina, fluía, aprendía con cada una de sus palabras. Pero recuerdo bien que me dijo que lo único que quería era toparse con gente bonita y alegre. “Es lo único que le pido a la vida”. Qué lindo pensamiento. Qué linda actitud. “Es lo único que puedo esperar después de haber perdido a mi casa, a mis hijos, a mi esposa que murió… estuve 23 años en la cárcel”. ¿23 años? Pensé que era un junkie, pero esto va mucho más allá. ¡23 años! A mi mente venían flashes de la serie Orange is The New Black. Todo ese ambiente tortuoso y nefasto que se genera en esas celdas. La cárcel, en mi humilde opinión, es más una perdición que una solución. “Cuánto lo siento”, pronuncié entristecida. “No, no lo sientas, yo fui un estafador, un violador, un asesino, un mutilador durante la época de Franco” “¿Y sabes qué? De la cárcel no sales hasta que no aprendes tu lección”.

Yo le daba la razón al hombre de bar y por dentro pensaba… y del bar no sales hasta que no consigues una vida o te topas con un hombre así que a lo que invita es a salir huyendo.

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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