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Encierro en el Retiro

Encierro en el Retiro Posted on 6 octubre, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: @ngradecky

 

 

 

Había sido un día de mucho caminar. Decidí cerrarlo con noche de oro ignorando tomar el búho (bus nocturno) a casa, sino volviendo a pie. Y así fue como nos conocimos: encerrados en el Retiro.

Era de las ciencias, investigador, según me comentó. Delgado, bajo, de cabellos y ojos marrones. “Está cerrada esta puerta”, me dijo a medida que me acercaba hacia la que se sitúa frente a mi casa, tras haber previamente descubierto otra cerrada.

Comenzó a caminar a mi ritmo y a mi lado en dirección O’Donnell-Alcalá con esperanzas de conseguirla abierta. Íbamos discutiendo si saltar el muro o quedarnos durmiendo dentro del parque. Él optaba por la primera opción, yo –consciente de mi estado físico- prefería la segunda. A mitad de camino, una pareja que camina hacia nosotros nos da cuenta de que aquella salida también está cerrada. Pues le daremos toda la vuelta al parque hacia la Puerta de Alcalá. Las luces se apagan, las regaderas se encienden y ahora somos un grupo, una suerte de familia de tontos que han perdido la hora de cierre y permanecen todos juntos recorriendo la milla olímpica.

La Puerta de Alcalá también está cerrada. Esta sí que sería imposible de saltar, me dice él en tono de broma. Ahí, en la cafetería de la entrada, otra pareja se une a nuestro periplo. Nos dirigimos todos a la salida de Atocha, que según nos informan, es la única que bajo guardia, permanece abierta. El viaje es largo. Ya intercambiamos nombres, profesiones, datos poco personales, pero que invitan a conocer a otro que, como yo, tendrá una historia memorable en el Retiro.  El chico es simpático. La mayoría del trayecto continuamos discutiendo sobre las alternativas que se nos ofrecen para escapar a este encierro. La gente de la calle nos mira. Me siento como un animal de circo, como un preso que maquina vías alternas de escape. Una hora más tarde, llegamos a la puerta. El guardia nos informa que el Parque del Buen Retiro cierra sus puertas a las 24 hs. Entendido esto, el chico detiene un taxi, me abre la puerta y me dice: “vamos”.

Yo rendida ante la idea y negada a volver a darle toda la vuelta al parque para volver a casa, accedo sin remedio. Con la llegada a destino se despide. “Yo pago. Nos vemos por el barrio. Vivo unas calles más allá.”

Ciertamente cerré con broche de oro, no volví a casa en búho, ni caminando, sino en taxi y gratis.

 

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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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