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Noche anterior

Noche anterior Posted on 13 octubre, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

j.caldwell -
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Tras haber descubierto un moretón en mi ingle, claramente de la noche anterior, decidí escribirle. Pensaba no hacerlo, por aquella norma implícita autoimpuesta de esperar tres días para llamar a alguien que conociste y te gustó. ¿De dónde coño salió esa norma? ¿Y este moretón? ¿Por qué hay una norma? ¡Joder esto es de anoche! ¿Por qué estoy condiconándome? Al carajo con las normas Yo, ya cansada de todos estos condicionamientos ridículos, obvié la espera y le mandé un mensaje.

No tardó en responder. Mmm, buena señal. Buena señal, ciertamente. Él estaba completamente dedicado a nuestra conversación intercambiando datos sobre lo ocurrido la noche anterior. “Recuerdo poco”. Poco, por no decir nada de nada. “Estabas muy mal. Seguro ni te acuerdas como fue”. Su comentario fue rudo, pero venía cargado solo de verdad. El alcohol me impidió recordar detalles, para eso estuvo él, refrescando mi memoria entre mensajes.

– “¿No te acuerdas que me sedujiste pidiéndome que te llevara al cuarto?”
¿Cómoooooo? ¡Ay no! No.
– “¿Ni que me halaste por las escaleras hacia las habitaciones de la casa de tu amiga?”
Vaya bochornoooooo. No.

Él continuaba relatándome la noche anterior y yo me hundía en mi propia vergüenza sin posibilidad alguna de réplica y peor aún, sin poderle demostrar, con mis mejillas enrojecidas, el bochorno que había significado para mí aquella noche, y el que seguía cobrando con cada una de sus palabras.
– “¿Tampoco te acuerdas que fuimos a casi todas las habitaciones en busca de una cama donde acostarnos y que terminamos en la principal, al lado de la mamá y la hermana del novio?” ¡Joder! …. calla. calla. calla. No quiero escuchar más de mis estragos. “Tenía que cubrirte la boca con mis manos, con las sábanas, para que tus gritos no interrumpieran su sueño”.

La historia era como para no creerle pero la ingesta de alcohol esa noche había sido tal, y los flashes de cuánto me gustó él, y haber tenido que devolverme aquella mañana a la habitación a buscar mi panty parecía indicar que no mentía…

Después de todo, le escribí tras haber descubierto un moretón en mi ingle.

 

—–
¿Sabes qué ocurrió además del moretón?
A la mañana siguiente descubrí que no tenía mis pantys

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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