Hot pants

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Había apostado todo por él. Armé mi bolsito, compré mi pasaje y me fui, sin olvidar -por supuesto-, algo sexy para dormir, alguna ropita más linda para salir y unos tacones.

Me recibió en el aeropuerto. Fuimos a su casa, aún vivía con sus padres. Me sentí cómoda desde el primer momento. Vale, miento. Desde el segundo. El impacto de llegar a una casa tan pequeñita con la que vas a compartir tus próximas dos semanas con gente que no conoces no es fácil, mucho menos cuando se trata de la familia del chico que te gusta, o peor, de sus padres. Mucho menos de noche, cuando te das cuenta que para ir al baño tienes que salir de la habitación, enfrentada -por cierto- con la de sus viejos, y que tú sólo cuentas con esos minúsculos hot pants que trajiste para seducir a tu chico.

 

 

 

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¿Sabes cómo me sedujo él a mi?
Cuando me tocó lavar los platos

 

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