Contradicciones

Foto: Alicebc0 (Pixabay)
Foto: Alicebc0 (Pixabay)

 

La suavidad de sus manos rozando mis dedos mientras íbamos de la mano por la calle contrastaba con el ímpetu con el que tocaba mi cuerpo con erotismo.

Cómo sus labios se acercaban a los míos tanteando el terreno en contraposición a la violencia con la que su lengua se desataba dentro de mi boca.

La ternura con la que sus abrazos se convertían en delicadas estrangulaciones abordando mi cuerpo.

La seriedad con la que asumía cualquier tema de conversación se reñía con la eterna sonrisa que iluminaba su cara.

La tranquilidad de su caminar pausado en contraste a las fuertes embestidas con las que su cuerpo desnudo enfrentaba el mío.

La sinceridad de su mirada detallando mi rosto en contraposición a la lascividad con la que su torso se acercaba al mío

La implacable inteligencia con la que abordaba cualquier tema versus el morbo que le imprime a nuestros encuentros de cerca, a los besos cuando se arrebatan, los corazones se agitan y la piel se eriza.

Era ese el contraste que me movía, me descolocaba. Era ese encuentro tierno-carnal, el que me enloquecía, fuéramos de la mano, comiéndonos a besos, en la calle, en el metro, en la cama.

Era una suerte de convivencia entre el ángel y el diablo en un mismo cuerpo.

En medio de este dulce mar de contradicciones fue extraño que desapareciera del modo en que lo hizo.

 

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