Toreros ingleses

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La noche había sido gloriosa. El bar en el que decidimos entrar era visitado por varios ejemplares guapos que iban y venían. Estaba buena la música, el ambiente era agradable y las cervecitas pasaban muy bien con los chupitos de mezcal que combinábamos con el local mexicano de al lado. Con un poco de paciencia se fue llenando el local. Y fue entonces cuando llegaron los toreros ingleses. Eran un grupo de 6 hombres altos vestidos de toreros y uno de toro. Mi amiga y yo llevábamos toda la noche esperando este momento: la llegada de los guapos.

Eran todos altos, como nos gustan -a mi amiga y a mi-, y tras recoger sus bebidas en la barra, vinieron directamente a hablarnos. Los primeros tres que nos abordaron eran bastante antipáticos, por no decir insoportables. Cansadas de sus desplantes optamos por irnos, y fue entonces, otros dos toreros nos recibieron.

Éstos, además de estar claramente interesados, eran mucho más guapos y simpáticos. Como por arte de magia, uno estaba interesado en mi amiga, mientras que el otro halagaba mi acento americano, justificaba que mi belleza era natural por ser latinoamericana y agradecía habernos conocido. Todo bastante apresurado para unos treinta minutos de charla. El encuentro fue realmente exitoso, o así pensábamos nosotras, ya cada una haciéndose la película respectiva. Con un intercambio de miradas decidimos discutir sobre la situación en curso, en el baño. Avisamos a los ingleses que volveríamos en unos minutos y bajamos al baño a despojarnos de todo mal, pero sobretodo a discutir íntimamente sobre ellos.

Al regresar de los aseos, los toreros ingleses habían desaparecido. La noche había sido gloriosa…hasta entonces.

 

 

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