Cerveza en botella

Foto: Wil Stewart (Unsplash)
Foto: Wil Stewart (Unsplash)

 

Nunca nos fuimos de bares, tampoco compartimos una cerveza. Él era de esos amigos con los que tienes poco contacto, pero contacto de calidad. Nos habíamos conocido años antes. Nos llevábamos de maravilla, reíamos a más no poder, conversábamos tonterías, debatíamos temas interesantes, discutíamos criterios. Hasta que un día su deseo sexual se activó de manera repentina. Por alguna razón nunca coincidimos. No sé qué habría sido de ello.

Compartíamos mensajes eróticos de a ratos, estando ambos solteros y cachondos. Pero en un picante intercambio de mensajes me confesó las dimensiones de su miembro viril. “Es del tamaño de una cerveza en botella“. Yo tragué fuerte al leer aquello. No puede ser. Bueno él es un tío alto. ¿Será cierto lo de la “ley de la L”? No he podido comprobarlo yo con los ejemplares con los que me he topado. Pero tampoco es de los mentirosos, continué dudando a solas. “Sin estar erecto”, completó.

Desde entonces, la cerveza la pido en vaso, porque en botella ciertamente tiene otro sabor.

 

 

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Ni las cervezas ni las fresas tenían el mismo sabor con él.

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