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Nombre celestial

Nombre celestial Posted on 19 noviembre, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Krista Mangulsone (Unsplash)
Foto: Krista Mangulsone (Unsplash)

Esa mañana amanecí en una habitación enteramente blanca, mi cuerpo era una suerte de masa inerte pesada y ebria que reposaba sobre sábanas níveas. Mi cabeza latía y ardía de dolor a tal punto que casi no podía abrir mis ojos. Tras varios segundos en stand-by, entre viva y muerta, dormida y despierta, consciente e inconsciente, logré abrir mis ojos. ¿Huh? Ummm Estaba rodeada de cuatro paredes blancas, totalmente desconocidas para mí, sábanas y cobijas del mismo color. ¿Qué…? Mis párpados intermitentes luchaban por conseguir una explicación. ¿…es esto? ¿Dónde estoy?

Mi cuerpo estaba caliente y mi boca seca. Ahmmm. Ummm.Necesito agua. He descansado, no puedo negarlo. Dormí como un bebé y no sé donde estoy, ni dónde he dormido. Qué asco de sensación. Vaya a saber qué habré hecho. Mi mente busca respuestas luchando contra mis ojos que niegan a terminar de abrirse. A mi derecha descansa una mesa escoltada por un cuadro blanco, naturalmente, con un retrato de una mujer desnuda. No logro detallarlo con mi visibilidad reducida. No lo reconozco. ¿Qué es esto? ¿Dónde estoy? ¿Qué hace esta mujer desnuda frente a mí? Mi cuerpo lucha por lograr su independencia mientras mi cerebro continúa en búsqueda de una respuesta.

A espaldas de mi cuerpo un calor me envuelve. ¿Qué será? Con dificultad procuro voltear hacia mi izquierda para descubrir un cuerpo masculino suave y menudo tendido a mis espaldas. ¡Dios! ¿Qué es esto? ¡No lo puedo creer! ¿Quién es él? Evidentemente es el responsable de todo este hervor bajo las sábanas.

Asustada y adormilada vuelvo mi cabeza hacia la derecha y cierro mis ojos con fuerza, cual niña pequeña, para desaparecer la imagen de aquel hombre que resguarda mi cuerpo. ¿Quién es él? ¿En dónde estoy? ¿Qué ha pasado? No logro distinguir físicamente al hombre de pieles suaves que duerme a mi espalda. ¡Qué horror!Y yo he amanecido aquí con él. ¿Cómo he hecho esto? Palpo mi cuerpo para obtener más datos del momento. Estoy vestida. Fuiiuuuuu. Vale. Aquí no ha pasado nada. La tranquilidad vuelve a mi cuerpo cuando el ser a mi lado repentinamente me abraza por detrás, me besa la mejilla y encaja su mandíbula entre mi hombro y mi cuello. Mi cabeza me explota, pero tras varias negociaciones cuerpo-mente logro voltear mi cabeza hacia él.

¡¡¡¡Es el mejor amigo de mi amigo!!!! Noooooo, el de cuarenta y tantos. ¿Este hombre tenía hijos? ¿Estaba casado?
Su nombre celestial retumba en mi cabeza y vuelvo a cerrar los ojos para no ver lo que viene, fue o pudo ser.

 

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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