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Ten miedo, mucho miedo

Ten miedo, mucho miedo Posted on 10 diciembre, 20142 Comments

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Davide Ragusa (Unsplash)
Foto: Davide Ragusa (Unsplash)

 

Él había llegado tarde por estar haciendo ravioles. A eso se dedica con su hermano. Era un economista con estudios de mercadeo y negocios internacionales. Un venezolano con aires franceses. Un melómano de la música clásica con voz de barítono.

Lo conocí por medio de unos amigos en común, un día de lluvia, a comienzos de la Navidad. No olvido que se me congelaron los pies mientras mi amiga y yo los esperábamos en la Plaza Mayor. Moría de hambre, situación que me resta mucha simpatía y trastorna levemente mi personalidad y mi paciencia. Comenzamos a caminar en busca de un buen bar donde beber y tapear. Admito que la interacción fue dura. No sé si porque yo soy una antipática, porque lo incomodó mi exceso de confianza o por mi forma de hacer bromas, que debo admitir, no siempre cae bien.

Conseguimos un bar chulo, nos sentamos los cuatro. Él y yo enfrentados a nuestros amigos en común. Compartimos varios tragos, picamos algo y conversamos de todo un poco. Avanzada la noche mi amiga hizo un comentario sobre este espacio virtual sobre el cual vierto todas mis venturas y desventuras en temas de amor, relaciones y sexo. “Me encantó la del tamaño importa, que hablas del chico que conociste y tenía el pene pequeño”. El recién conocido no hacía comentario alguno. “y la del príncipe de discoteca también estuvo buena. Se lo notaba un poco perdido, quizás incómodo. El marido de mi amiga interrumpió: “y la historia de ‘te quiero comer el coñito‘ ¿es cierta?”

– “Siiii”, contesté efusivamente riendo. “Ay no, que horror, a mi me pasa cada cosa” El pobre hombre a mi lado estaba desconcertado, tenía cara de perdido porque no sabia de qué hablábamos y los ojos abiertos como platos. Unos minutos más tarde y a viva voz, como pensando en voz alta, sobre la mesa produjo un “Tengo miedo”.

Invadió un silencio inmediato. Me recosté en mi silla, le sonreí, lo miré de reojo y pasé mi brazo por detrás de su espalda, presioné su hombro con mi mano, y le aseguré: “Ten miedo…mucho miedo“.

 

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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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