Esto es intimidad

 

En su casa, sobre el sofá, caí torcidamente sentada. Mi cuerpo relajado y agotado reposaba sobre el sillón cuando él se acercó, cual fiera a su presa, para besarme tiernamente la boca. Nos devoramos mutuamente hasta que la incomodidad nos superó y decidió abrir el sofá cama. Movió todos los elementos entorpecedores del camino y me dijo: “no te muevas”. Inmóvil yo sobre el mueble, él abrió el sofá cama mientras mi cuerpo se deslizaba de un lado al otro del acolchado a medida que él realizaba los movimientos necesarios para lograr la entera horizontalidad del mueble. Tras su logro, cogió una cobija, nos tapó y se acurrucó a mi lado, besándome con dulzura.

Acurrucados el uno el el otro interrumpió aquel idilio. “Flaca, yo me tengo que quitar la camisa porque no puedo dormir así” Tomó las costuras entre sus manos y deslizó su cabeza para despojarse de la camiseta. Unos segundos más tarde -“creo que tú deberías hacer lo mismo y quedamos pares”. Lo miré de reojo, esperando que entendiera la señal negativa. Me opuse, y así permanecí varios minutos. Poco después el calor de su cuerpo y el de la habitación me superaron. Y quedé en camiseta. Permanecimos abrazados nuevamente, hablando sobre el significado de la intimidad. Era una conversa grata y profunda.

Al rato me dijo: “lo siento, pero me tengo que quitar el pantalón, me ahogo del calor”…”No es mi problema, le dije, te morirás del calor.” Se desabotonó el pantalón, me miró a los ojos y dijo: “creo que el problema lo tienes tú” y sin más, se despojó de aquel.

“¿Qué es para ti la intimidad?” -me preguntó. Aún no sé si ganó su encanto, sus argumentos o mis ganas, pero de ahí en más se asió de todos sus artilugios para terminar explicándome de manera práctica -y no literaria, como lo había hecho yo-… y ahí desnudos, cuerpo con cuerpo, besándonos, abrazándonos, mis piernas arropando las suyas, sus brazos cubriendo mis curvas, me dijo: “esto es intimidad”.

 

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Este chico fue quien me pidió: “Dime papi”

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