No me quiere

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Nuestros cuerpos desnudos yacían sobre la cama. Entre besos, abrazos y manos curiosas nos fuimos estimulando mutuamente. Me excitó hasta el punto en que no me importaba nada más que tener un orgasmo.

Era un habilidoso en el trabajo manual. Su pene entonces no respondía. Él estaba preocupado, yo satisfecha luego de que él me masturbara y me hiciera olvidar el mal rato.
– Lo siento, no sé qué pasa.
– Tranquilo, son cosas que pasan, debe ser el alcohol.
– Sí, también  creo que puede ser el alcohol.
– No pasa nada, creo que le diste demasiado alcohol, o quizás sea el cigarrillo.
– Esta noche dejo de fumar. Esto no me puede seguir pasando.
– Quizás sean los nervios, ayer me dijiste que tenías ¿miedo? ¿ansiedad? No recuerdo que me dijiste. – Sí, ansiedad, estoy nervioso.
– No te preocupes, debe ser eso. Y no te asustes, que de todas todas vas a salir en mi blog.
Me peló los ojos y con cara de terror dijo: espero que para bien
– Yo también espero que para bien. Le sonreí con picardía. Pero tendrás que seguirlo para enterarte.

Al cabo de un rato el sueño comenzaba a hacer de las suyas, el cansancio aportaba su porción, otro tanto la hora y el alcohol. Su frustración era más fuerte que él…naturalmente. No sabía qué más decirle pues entendía su posición, y aunque tenía razón no podíamos hacer nada al respecto. Caímos rendidos el uno al lado del otro al cabo de un buen rato.

A la mañana siguiente, un poco más descansados y algo menos de alcohol en el sistema, me buscó. Tras varios intentos fallidos de hacer el amor le dije: “creo que tu miembro no me quiere“.
No me quiere a mi… ¡que me hace esto!”

 

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