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Cavernícola del sexo

Cavernícola del sexo Posted on 2 enero, 2015Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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Me había prometido una ardiente noche de sexo. Placer absoluto, orgasmos, gemidos, guarradas, todo lo que esta mujer que escribe sueña. No sé si mi imaginación se me adelantó invitándome, sin pensarlo demasiado, a pasar una noche con aquella alma caribeña. Pero hoy puedo decirles con certeza que en mi vida había tomado tan mala decisión. Lo único que descubrí bajo aquellas sábanas fue a un auténtico cavernícola del sexo.

Lo que prometía ser un paraíso carnal sin ataduras, un frescor a mi -últimamente aburrida- vida sexual, fue peor de lo que sus creativas mentes pueden imaginar. Salimos de la chocita y caminamos hasta su casa. Y en medio de aquel acto carnal moribundo en el que su miembro se negaba a responder: aquella masa flácida y morena, inerte cual gusano en botella de mezcal, era torpemente manipulada, cual marioneta, por la mano de su poco astuto dueño. El miembro, esposado con funda de látex, no daba la talla ni para enfrentar a su rotundo fracaso. Yo sólo podía mirar al techo. Ni ganas tenía de esforzarme pues el aliento del chico tampoco ayudaba a la situación.

Como si aquel ‘des’encuentro no hubiese resultado suficiente para arruinar mi noche, y con ella mi sanidad mental, emocional y sexual. Él -el bípedo- pues tal homo sapiens no podría jamás llegar a merecer la categoría de ‘hombre’, se esmeraba por hacerme sentir un mínimo de placer en mi frustrada compañera de batalla. Aquel cavernícola del sexo la frotaba sin adiestramiento manual alguno. Sin un mínimo de conocimiento de que aquella no era una lámpara mágica, y que con aquellos tratos el genio no saldría nunca. Se me secó. Como nunca. Ya en aquel punto, tras algunos intentos fallidos de penetrarme, sin lubricación alguna, con la líbido muerta y su miembro igual, me levanté de la cama de sopetón.

Y fue entonces cuando ocurrió lo peor. Sí, sí, la noche no acabó ahí, ni así… sino peor. El cavernícola estaba anonadado con mi reacción de quererme largar. No me extraña. Nada me extrañaría ya de aquel mezzo-macho.

Lo que hizo a esta noche realmente inolvidable…claramente no por los buenos tratos o por ser víctima del placer. Sino por todo lo contrario. Lo más nefasto que me ocurrió en una noche de sexo no fue este degradante espectáculo que acabo de relatarles. ¡No! Fue el apestoso, putrefacto, cadavérico gas con el que aquel colombiano despidió mi noche.

 

 

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Otro gran #fail fue: Te quiero comer

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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