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Espero que no

Espero que no Posted on 5 enero, 2015Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Toa Eftiba (Unsplash)
Foto: Toa Eftiba (Unsplash)

 

 

Su cuerpo era menudo y perfecto. Todo estaba en su lugar, no colgaba nada, salvo aquello que debe colgar. No tenía ni un gramo extra de grasa en su cuerpo. Su sonrisa era radiante, como la de un niño de 5 años disfrutando el día de su cumpleaños. Sus ojos brillantes reflejaban el dulzor de su sonrisa. Lo increíble, más que  no era su físico sino su edad: 43. Para que no cuelgue nada estaba muy bien.

No sé cómo llegamos a parar a casa de su madre. Andando, recuerdo. Era de madrugada. Tampoco sé por qué fue ese el destino elegido, pero me convino para regresar a casa, cuando tras aquel chasco sexual en el que un hombre que casi me doblaba en edad no me satisfizo. Fue un acto consensuado sin sentido. Yo no sabía cómo verlo a la cara sin ser antipática, sin develar mi verdadero sentimiento en torno a esa noche. Recogimos, tendimos la cama y salimos a la calle. Él cogía un bus en la esquina, yo andando a casa.

Me despidió con un beso en la boca: “seguramente coincidiremos nuevamente”. Espero que no.

 

 

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Tenía un nombre celestial el protagonista de esta historia. Descubre qué ocurrió antes de este desenlace.

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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