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Noche de locura

Noche de locura Posted on 12 enero, 20152 Comments

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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Noche de locura, aquella sí que lo fue. Se casaba mi mejor amiga. Había participado en la organización, los bouquets, vestidos, invitados, todo. No habría sorpresas… o eso pensé hasta que lo vi.

¿Y este bombón dónde me lo tenían guardado? le pregunté a mi amiga frente a la presencia del chico al que me refería. Se ruborizó. Adelantada la noche entendí que él era penoso y recatado. Y yo… la loca. Está demás decirlo. Era el único de los invitados contemporáneos a nosotras que no conocía: el padrino.

Tras varios rones y tequilas de por medio terminamos conversando a solas al margen de la fiesta compartiendo intimidades. Entre secretos y revelaciones terminamos no en uno sino en cada uno de los cuartos de la casa, y bastante grande que era aquella, que por cierto, cabe mencionar, era la casa de la abuela de mi amiga. Conocía cada rincón pues había jugado ahí de pequeña, iba de adolescente a visitar a su abuela, fui de grande a comer con la familia, y tantas otras cosas que habré vivido ahí. Probamos todas y cada una de las habitaciones. A cuál más incómoda, porque en todas había huéspedes intentando descansar. No me quiero imaginar aquel espectáculo que brindamos en cada una.

Para resumir, porque mayores detalles no puedo dar pues la mayoría de lo acontecido no lo recuerdo, les puedo confesar que terminamos durmiendo en la habitación principal… que alguna vez fue de la abuela, y luego heredaron los padres de mi amiga. Donde además dormían esa misma noche, a la par que nuestros cuerpos luchaban -sin éxito alguno- por mantenerse al margen del otro, la madre y la hermana del novio.

Todo esto comprobado no sólo gracias a la memoria del padrino, probablemente de la hermana del novio (a quien hemos preferido no consultar) y por mi ropa interior que penosamente descansaba sobre la lámpara en la mesita de noche que escoltaba el lado derecho de la cama, donde plácidamente dormía (o intentó dormir) la mamá del novio.

¿Noche de locura? Creo que ha quedado corto el nombre.

 

 

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Aquí está la continuación de esta ardiente y loca noche en la que perdí mis pantys.

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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