Mójame

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Esa terrible insistencia que tienen los hombres por meterlo a como dé lugar no la soporto. Yo disfruto el sexo, ¡me encanta! Seguramente tanto o más que muchos hombres. Es natural, es vital y divino. ¿qué más se puede pedir? Y placentero…si está bien hecho, claro está.

Y qué pasa cuando tras unos besos, un poco de juego previo, caricias y calenturas la cosa acaba en él sobre ti, tu abierta de piernas temblando de placer y su miembro quizás negado, quizás cohibido, quizás agotado, quizás entristecido… no responde. En cambio, cae como una masa blanda mal amasada sobre tu ingle. Mientras su dueño se esfuerza por obligarlo a funcionar. Lo invita a jugar y a disfrutar en un juego en el que él de seguro no quiere estar, sino estaría vivo, duro y contento. Aquí, con nosotros, dando la batalla. En cambio, ha preferido tomarse un descanso, echarse a dormir, a tomar sol, o quizás está de vacaciones, no lo sé. ¡Pero no me lo intentes meter! Que ese miembro flácido y blanduzco que cuelga de ti no sirve ni para decorar tu cuerpo, ni fornido que esté. Sólo sirve cuando está fuertemente erguido, cuando no cuelga, cuando se mantiene por si solo como el hasta de una bandera que espera ser condecorada con éxito.

Por favor les pido, como hombres grandes que son, que conocen a su cuerpo desde los 11 ó 13 años… o desde cuando sea. No lo obligues. Hazte responsable por ese ser que cuelga, que a mi no sólo no me excita, sino que además me irrita, no sólo emocional sino también sexualmente, que intentes obligarlo. Me duele, más que por él, por mi, porque mi cuerpo necesita cariño, no violencia, necesita placer, no dolor a secas.

Mójame, excítame y deja que él solo adquiera vida propia, que será más lo que logremos por las buenas que por las malas.

 

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