Little Joe

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En la penumbra de la habitación, nuestros cuerpos desnudos entralazados como el resto de la noche, nuestros corazones en un mismo latir y nuestras pieles en eterno diálogo, rocé mis pies con los suyos y sentí un líquido en mi entrepierna que automáticamente me hizo pensar: Little Joe. Oh no, por favoooorr

– Estoy mojada, le dije mirándolo a los ojos
– Y con un si entre afirmativo e interrogativo me sonrió.
– No me simpatiza esto. ¿Y si tengo un hijo qué hago con él? El pánico me sacudió el cuerpo durante unos segundos.
– Nah, no vas a tener un hijo
– ¿Y cómo lo sabes? ¿Y si tengo uno?
– No vas a tener ningún niño. ¿No tomas la pastilla?
– Eeehh… sí, pero tenía que reanudarla ayer y olvidé tomarla
– Está todo bien, no va a pasar nada
– Tampoco tendré enfermedades venéreas, ¿no?
– No, eso te lo puedo asegurar. Estoy limpio
– Vale
– ¿Y yo, tendré alguna enfermedad?
– No, también puedo asegurártelo
– Ok, me dijo sonriente, entonces está todo bien
– Vale, yo me encargaré de decirle a Little Joe que su padre se fue y no lo vi más
– ¿Joe? tendría que llamarse José, en español
– No, es que el nombre José no me gusta, prefiero Joe
– No vas a tener a Joe
– ¡Ay! Como me quede un niño tuyo de recuerdo… ja!
Me interrumpió con un beso en los labios seguido de una sonrisa que iba en compañía de un movimiento negativo de cabeza.

 

Hoy por suerte puedo asegurarles que Little Joe nunca llegó al mundo. El único recuerdo que me quedó de aquel inglés aquel fue un cinturón negro ancho que se olvidó en casa y que hoy pertenece a la caridad.

 

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