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Un clavo saca otro

Un clavo saca otro Posted on 11 marzo, 2015Leave a comment

Soy una feliz y soltera, periodista y escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: David Cohen (Unsplash)
Foto: David Cohen (Unsplash)

Todos hemos tenido que pasar por ese terrible momento de ruptura de un noviazgo. Nunca es fácil. Prevalecen los recuerdos, las ilusiones y el apego al pasado, a lo que fue, a todo lo bello que vivimos y olvidamos enfocarnos en lo que está por venir, en las oportunidades que se nos aproximan y del mal que nos salvamos. Dicen que “un clavo saca a otro clavo”. No siempre es cierto, pero en ocasiones funciona.

“Necesito salir ¿qué haces hoy?” –le dije con voz de desespero. “¿Todo bien?” Yo hacía un esfuerzo por aguantar mis lágrimas y no romper en llanto en medio de la llamada. “Sí… No. No, no estoy bien. Quiero verte, necesito salir, despejarme”. “Estoy en casa. Cuéntame”, me dijo. “Vístete, vamos a salir, te paso buscando”, respondí sin darle derecho a réplica. Su voz era de desconcierto, nuestra confianza no había formado lazos tan fuertes como para afrontar un momento como este. “¿Qué te pasa, estás bien?” – “Sí. Voy en camino” y colgué antes de que mi cuerpo se hundiera en lágrimas.

No sabía cómo enfrentar su falta, cómo sacarlo de mi vida muchos menos cómo explicarle a mi señor corazón que todos sus sueños -nuestros sueños- estaban extintos. Habían caducado. Llegué a pensar que era el amor de mi vida. Hicimos planes para mudarnos juntos hacía nada. Subsanamos problemas del pasado. Aprendimos a entendernos, a aceptarnos.  No me imaginaba mi vida sin él. Creo que nos ocurre con todo, a todos.

Llegué a destino. Mi voz, carente de melodía, sin quererlo temblaba. Respiraba profundo para que no me viera llorando pero el dolor en mi pecho era irremediable. Finalmente lo logré, hasta que llegó él y entonces tragué fuerte para no contarle lo que me pasaba. No era su problema. No tenía por qué saber qué acontecía entre mi-ahora-ex novio y yo. Sé que probablemente no fue la mejor decisión, pero busqué a mi ‘amigo’ y nos fuimos a un hotel.

No se borró el dolor, no se borraron los sueños, no se sanaron las heridas, pero mi cuerpo obtuvo un bálsamo de aliento que no olvido. No sé si el hombre era realmente un buen polvo o si es que la tristeza se transformó en apetito sexual pero aquella noche de despecho terminó siendo un oasis de sonrisas, placeres y picardías que más tarde formarían parte de su propia historia.

Y así fue como descubrí que a veces un clavo saca otro y logré superar la más linda historia de amor que hasta entonces había vivido.

 

Soy una feliz y soltera, periodista y escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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