Empapada recuerdo

Foto. John Rocha (Pexels)

 

Jamás me penetró, pero empapada recuerdo que sus solas palabras hacían estragos en mi cuerpo. Mi interior se estremecía y mi entrepiernas se inundaba con sentir su voz en mi oído y su sarta de obscenidades y deseos sexuales reprimidos producto de un amor no correspondido.

Era siempre el mismo modus operandi: Nos encontrábamos a escondidas, en la calle, en su auto, hablábamos de cualquier tema y en medio de la nada surgían de su boca frases como “te daría aquí día y noche”… “me das mucho morbo, toda tu”… “que ganas locas te tengo”…, de ahí se acercaba a mi cuerpo sigiloso, me susurraba al oído, yo me excitaba rápidamente, y como un volcán mojaba mis pantys y lo que hubiera debajo de ellas. No sé si era él, su cuerpo, su voz, sus ojos o el roce de sus manos en mi cuerpo, probablemente la imposibilidad de estar juntos. Lo prohibido siempre atrae.

No teníamos nada en común más que unas mutuas ganas de coincidir desnudos y a solas, alejados de su presente y mi pasado, con la capacidad de disfrutarnos en pleno. Nunca se dio. Fueron morbosidades estancadas en unos toqueteos que solo acentuaban las ansias de tenernos pero que solo daban miedo. Miles de veces me mojé con y sin su presencia, escuchando sus sucias palabras al oído, compartiendo complicidades íntimas y fantasías sexuales. Dejándonos ser pero impidiéndonos dar vida a una inolvidable noche de sexo, a interminables orgasmos o quizás a un amor.

Porque no olvido cómo se erguía su miembro al verme y porque empapada recuerdo cómo me ponía tras el simple roce de sus labios en mi oreja.

 

 

—–

Él y ella narra otra parte de esta historia

 

Guardar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *