El tipo perfecto

Foto: Stokpic (Pixabay)
Foto: Stokpic (Pixabay)

 

 

 

Era el tipo perfecto.
Era guapo, rubio, lindo, educado e inteligente. Arquitecto graduado, trabajaba para la gobernación, era responsable y además recientemente independiente. Este es el mío pensé en el momento en que nuestras miradas se cruzaron durante la cena a la que asistimos ambos, invitados por mi amiga y su amigo, ellos: novios. Nos llevamos bien. Ni había química ni había nada.

Segundo encuentro. Más confianza. Menos vergüenza = discusión. Yo es como si pusiera a prueba mis gustos mediante discusiones. Voy a ser sincera. Me gusta ver cómo reacciona una persona ante una discusión. Si pierde los estribos, conmigo también pierde. Si guarda la calma y es capaz de exponer con claridad y convicción su punto de vista, caigo rendida a sus pies. Así fue como se inició nuestra “relación”. Discutiendo. Discutía por todo con él. Por el simple hecho de llevarle la contraria. De escucharlo discutir. Defenderse. Decir lo que piensa. Siempre terminaba igual la historia. Se cansaba de mi y me terminaba dando la razón. Era yo en versión masculina.

Tercer encuentro. Cena familiar. De la familia del novio de mi amiga. Momento extraordinario. Fuera de mi zona de confort, otro barrio, otra gente. Sus amigos, sus conocidos, su barrio. Se reía, colaboraba. Era un encanto. Yo lo veía y me enamoraba. Pero ni siquiera entre su gente se comportaba conmigo. Jugábamos al ping pong y discutíamos, a las cartas y discutíamos, con el helado, discutíamos.

Cuarto encuentro. Cena entre amigos, algunas cervezas. Bebía poco. Noche de juegos de mesa. Emociones compartidas. Me tocó de pareja. Terror en la sala. Yo con vos no juego, me decía. Yo lo miraba con ojos entrecerrados de malicia. Como perdamos porque tú no sabes dibujar o porque no adivines verás. Química inmediata. Conexión inevitable. LA pareja del Pictionary. Yo dibujante, él arquitecto. Juego ganado. Les dimos una paliza inolvidable a sus amigos, mis amigos, nuestros amigos.

Él era el tipo perfecto. Y todo entre nosotros también lo era. Salvo que él vivía en Argentina, yo en Venezuela. Y ya me había jurado a mí misma que no volvería a tener nada con nadie que no viviera en mi mismo suelo.

Hace poco regresé a Buenos Aires de visita, pensé coincidir con él, pero ya estaba de pareja y viviendo con ella.

 

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