1 cerveza = 1 marido

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Foto: @ngradecky (Archivo)

 

 

 

Baselworld
Basel, Suiza
6:00 pm

Salía de un largo y ajetreado día de citas, ruedas de prensa y reuniones. Ni bien terminé de cumplir con tales compromisos decidí salir por una caña. Al parecer, era mi día de suerte, pues no sólo conseguí la cerveza sino un marido. Así mismo fue.

Había un chico con un carrito que vendía cervezas en botella y champán en copas. Sin pensarlo mucho al verlo pasar corrí hacía él y le pedí una cerveza. Alzó su mirada con dos metras azul profundo que se escondían tras sus gafas. Su sonrisa era sincera y su altura me duplicaba. “Hi, where are you from? Russia?”

Juajuajuajua… si me vieran, a lo que menos me parezco en el mundo es a una rubia. Me reí. “No, de Venezuela” Entonces sus ojos azules se iluminaron como el cielo en un día soleado “oooh, español” y sonrió asintiendo con su rostro. Mi cara de perdida sería mundial. Pero si se ponen a ver, estar en Suiza, comprando una cerveza en la calle, que me digan que parezco rusa y que se alegre porque hablo español es como demasiado.

Pues ahí no acaba. Yo le devuelvo la sonrisa y extrañada le contesto: “¿hablas español?”
“Naturalmente”, me dice con su acento anglosajón
“¿De dónde eres?”
“Ostereich” ah, Austria. Naturalmente? Aquí lo único natural es que el mundo está lleno de sorpresas
“Ah, mira qué bie..” y me interrumpe: “Yo me voy a casar con una mujer que hable español, así que si estás interesada, estoy por aquí”.
Y en un abrir y cerrar de ojos cogió su carrito, y como alma que lleva al diablo, se esfumó.

 

 

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