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Sobremesa

Sobremesa Posted on 3 abril, 20152 Comments

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Kaboompics.com
Foto: Kaboompics.com

Y en aquella sobremesa familiar yo soñaba despierta escuchando a aquella abuela contar su historia de amor.

Mantuvo durante poco más de un año una relación epistolar con su marido, entiéndase, a punta de cartas. Escucharla me generaba una emoción inexplicable. Dedicaba mis pensamientos a aquel hombre con el que compartí cientos de miles de whatsapps e interminables llamadas telefónicas que durante meses nos permitieron descubrirnos mutuamente.

Aquella historia me movía las vísceras. “Yo trabajaba hacía poco en esa compañía, lo había visto tres veces en mi vida porque yo trabajaba acá en Buenos Aires y él en Francia. Y un día se apareció en un taxi en la oficina. Mi jefe me llamó diciéndome que alguien en la puerta preguntaba por mi y cuando salí me recibió con un beso… ¡en la boca! Me tomó la mano, me subió al taxi y me llevó al bar de un hotel. Yo no entendía nada, pero él me gustaba entonces no me negué. Entramos al bar, me llevó hasta donde estaba una mujer y me presentó: mamá, esta es mi novia.”

En mi mente solo resonaba la idea de que un príncipe para mí existe en algún lugar del mundo. Creaba paralelismos entre aquella historia y la mía, y soñaba con la ilusión de algún día vivir un amor así.

Después de todo, ambas historias se reducían a lo mismo: amarse sin conocerse. Aquel fue nuestro propio romance epistolar, ajustado a nuestra era. Y me preguntaba si nuestra historia acabaría igual: yo en una sobremesa familiar contándoles a mis nietos cómo nuestro amor sobrevivió las tempestades del tiempo, de la política y la economía, cómo sobrellevamos las distancias, cómo condujimos los contratiempos del amor, los miedos, los vacíos, los fantasmas y los celos, para finalmente formar un amor puro y verdadero.

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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