Motivos para celebrar

Foto: Dave Lastovskiy (Unsplash)
Foto: Dave Lastovskiy (Unsplash)

 

 

Motivos para celebrar nunca faltan. Y si faltan nos los inventamos, pues la vida está para disfrutarla. Aquel viernes ni falta que hizo buscar excusas, apareció de inmediato una, cerca de las 22:00 en mi móvil: “¡A celebrar que tengo curro nuevo!” -me escribe mi compañera de piso. La llamé:  “¡Tía! Hoy estoy fatal! Me vieras cómo he venido vestida… nunca he tenido menos ganas de vestirme que hoy. Me he puesto unos jeans, una camiseta y unos zapatos de goma, estoy de terror como para salir de fiesta”. “No pasa nada, estoy en casa, si quieres te llevo algo de acá o te vienes a cambiar y salimos juntas”.

No solo me faltaban ganas de hacer una parada en casa, sino que además salgo de currar a las 23:30… “No te preocupes, iré como estoy -le dije – no tengo ganas de irme a cambiar. Tampoco es que voy a conocer al hombre de mi vida esta noche”. “Pues una nunca sabe” -me dijo mi compi entre risas. “Cierto. Una nunca sabe. Pues si así fuera que me quiera como estoy, que otro día salgo guapa.”

No les puedo decir si se trataba del hombre de mi vida, pero esa noche conocí a un chico. ¡y qué chico! Aunque si les soy sincera, no me llamó la atención de inmediato, probablemente porque no estaba atenta ni dispuesta a conocer a nadie esa noche. Pero ocurrió. Y es que estas cosas siempre ocurren cuando menos te lo esperas. Nos conocimos bebiendo y bailando sobre la pista de baile. Entre inglés, español y francés nos entendimos lo suficiente como para querer seguir descubriéndonos. Mientras más hablábamos más me gustaba. Pero no sabría decirles qué me llamaba la atención de él. ¿Sería su altura? Sus ojos claros? ¿o ese encanto inglés que siempre me ha debilitado?

Cuando decidimos salir, pues ya nos cerraban el local, me acerqué al guardarropa a recoger mi abrigo, cuando me aparaté para abrigarme y miré a mi alrededor en busca de mis amigas no había nadie. Una mano tomó la mía de sorpresa y cuando alcé la vista lo descubrí a él que sin previo aviso me arrastraba hacia la puerta para tomar mi cara y mi cintura entre sus manos y besarme: suave, delicada y apasionadamente.

Con el transcurso de las horas, mis motivos para celebrar migraron del nuevo curro de mi amiga a haber conocido a este chico.

 

 

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¿Sabes qué otras cosas ocurrieron esa noche?

Este inglés es el mismo que me pidió: “Sé condescendiente

 

 

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