Stylish and Stupid

Foto: Jeremy Beadle (Unsplash)
Foto: Jeremy Beadle (Unsplash)

 

 

Era un pobre con muy buen gusto. Así se definió para mí. Tenía un buen porte. Era lindo, entró bien vestido, bien peinado y arreglado. Llevaba unas gafas de pasta que disimulaban sus ojos claros. Pero si les soy sincera, era demasiado arreglado para mi gusto. Porque esos hombres extremadamente arreglados me dan la sensación de gay y ya he tenido experiencia suficiente con ello.

A medias comenzó a buscarme conversación, probablemente porque no le quedaba otra opción pues era evidente que no estaba interesado en mí. Pero como si no tuviera otra opción se sentó a conversar conmigo. Era escritor, como yo, pero guionista. Estaba claro, pues su elocuencia se percibía incluso en su hablar. No tenía nada interesante que decir pero estaba todo tan propiamente dicho que resultaba imposible ignorarlo. Era guapo pero tonto. Ideal para tomar unas copas como lo hacíamos en ese momento. Si tuviera que definirlo en inglés diría que era stylish and stupid (guapo y tonto).

Estaba acompañado de otros tres amigos que había conocido en un festival de música el año anterior. Me contó sobre su trabajo en el teatro, sobre su actuación en una obra de Shakespeare (Sueño de una noche de verano), su gusto por los zapatos costosos, la buena vida y el lujo. Y entonces sentí una cierta afinidad. Compartíamos gustos similares en algunas cosas, nada importantes, pero que de todas formas resultaban gratas compartir. Sonreía ante aquel pensamiento pero escucharlo hablar y me generaba náuseas por lo ridículo del personaje en cuestión.

Lo noté nervioso cuando comenzamos a hablar. “¿Qué te ocurre?” pregunté sin titubear. Veia hacia todos lados pero siempre fijando su vista hacia el exterior del local. “Vigilando a mi amigo, que está con una amiga en común”. Tan lindo este chico y pendiente de lo que hace el otro por otro lado en lugar de mirarme a mi. Da igual, es demasiado stylish para mi gusto. Al cabo de un rato de conversar conmigo y haberme entrevistado en profundidad sobre qué hacía, parecía haber olvidado a su compañera y amigo. Algo he logrado con este chico. Sobre la hora del cierre del bar, cuando ya habíamos recogido nuestras cosas para marcharnos del local, huí sin avisar al baño. Unos segundos después lo escuché bajar las escaleras. Yo dentro de aquel minúsculo baño lo escuchaba discutir con su amigo que salía del baño de hombres. Y comenzaron a disputarse a la chica. La discusión era ardiente y sensata entre ambos, o al menos así parecía desde afuera.

Al volver a la superficie y pagar la cuenta coincidimos en que ambos grupos (mis amigas y sus amigos) iríamos al siguiente bar. Pedimos unas cervezas por compromiso y al cabo de unos segundos desaparecí cual bomba de humo. Solo pasé un mensaje a mi amiga dándole las coordenadas del siguiente bar, pues yo entre disputas masculinas prefería no estar… Que pase el próximo

Después de todo el inglés aquel por muy guapo que fuera era simpático pero demasiado ridículo para mi gusto. Dios sabe lo que hace, pues lo que me esperó más adelante esa noche fue de película.

 

 

 

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Esta noche no me faltaron motivos para celebrar, así que la fiesta continuó en el local siguiente. Descubre qué ocurrió ahí

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