Sé condescendiente

Foto: Henri Meilhac (Unsplash)
Foto: Henri Meilhac (Unsplash)

 

Creo que debo haberle gustado mucho -lo conversaba el otro día con una amiga- porque tras mis cálculos de su edad, haberlo vuelto a ver siento que fue casi un milagro.

Nos conocemos en un bar, en medio del bullicio, la música, la gente, el humo… ya saben. ¿Hola qué tal? ¿Cómo te llamas? ¿A qué te dedicas? ¿Qué haces aquí? …Lo mismo de siempre. Y llega la pregunta, para muchos sumamente significativa e importante, para otros nimia, y aquí yo alzo mi mano.

Para mí es tan insignificante, que no voy a juzgar la madurez de una persona por su edad real sino por sus conductas, acciones y formas de pensamiento. Es tan así que he tenido novios a los que les llevaba 3 años, y otros que me llevaban 7 años y era más emocionalmente maduro el menor que el mayor. ¡Vamos! que no es que sea un logro en mi vida, sino que pueden ver que realmente esto de la edad me va poco. Porque en primer lugar siempre suelen calcularme menos de los que tengo y en segundo lugar porque me parece algo superficial. La edad la lleva uno por dentro, eres de la edad que sientes que tienes. Y hay gente que pareciera no tener edad alguna porque no sienten nada y otros que se les viene abajo el mundo con 30.

Bueno, a lo que íbamos. Lo cierto es que sobre la pista de baile, entre copas se alza la pregunta, por mi parte: ¿cuántos años tienes? – ¿Cuántos me calculas? Un ser al que tengo que distinguir casi desde las profundidades subterráneas hasta la cima de un rascacielos quiere que le calcule su edad ¿En serio? En medio del ruido infernal, con luces que me impiden ver con claridad mi objeto de estudio, ¿él quiere que yo le calcule su edad? Me estará jodiendo. Eso lo hacíamos cuando teníamos 15 ó 18 y molaba que calcularan tu edad. Le regalo una sonrisa dubitativa, bajo la mirada y al oído me dice: “Sé condescendiente“.

Condescendiente no fui, eso si les puedo asegurar. No sabía si quiera si aquel hombre era rubio o moreno -y no por tragos en mi sistema (que tenía unos cuantos: 3 cervezas y 2 tequilas para ser específica-, sino por un tema de luces también. Achiné mis ojos, evalué su tamaño, le miré a los ojos y a su rostro cansado… y si les soy plenamente sincera pensé: este tío debe tener unos 40, un poco menos, pero le daré más porque siempre fallo por menos en esto de calcular la edad. ¿Unos 43?

Y tras su cara de sorpresa y agobio por mi respuesta, lo único que rogué fue no verlo más nunca en la vida. Casi me toca llamar a una ambulancia del susto que se pegó aquel hombre. “¡Joder! Nunca me habían calculado tantos años de más”. Tragué fuerte y puse cara de gato de Shrek. Pero no opté por detener ahí mi error, no ¿para qué? y continué: Quizás el tipo de vida que llevas, ahí en altamar. -¿Altamar? -Sí, ¿no decías que trabajabas en una naviera? -Sí, en tierra, en la sección administrativa. -Ah… um, bueno…. quizás ¿el salitre? -Acompañado de su cara de desconcierto contestó “Trabajaba aquí en Madrid. No hay mar”.

Vale ahora si que con este cierre mejor no lo veo más, queda cerrado el tema, él se va de viaje y aquí no ha pasado nada. ¡Menos mal!

Cuando salíamos del local y pensé que realmente no lo volvería a ver recibí un ¡SMS! ¿cómo no pensar que tenía 43?, que en inglés leía: Ven a celebrar mis TREINTA Y SEIS años (NO 43!!!) mañana 🙂

 

 

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